La Regeneración

 

Durante el período comprendido entre 1880 y 1900, las sucesivas guerras, la anarquía política y la desorganización administrativa dejaron al país dividido y empobrecido. La agudización de las pugnas partidistas y las guerras civiles de 1876, 1885, 1895 y finalmente la guerra de 1899 conocida como la Guerra de los Mil Días, marcaron el comienzo y el final de esta época de la historia colombiana.

 

Hacia 1886, el movimiento político de la Regeneración, que unió a liberales independientes y a conservadores, planteó la unificación de los diversos sectores políticos en torno a un Estado fuerte y centralizado, la religión católica como instrumento central de unificación ideológica y dio paso a un proyecto nacional que se definió en el lema “Una nación, una raza, un Dios”.

 

La Constitución de 1886 -que bajo la consigna de ¡Regeneración total o catástrofe! introdujo reformas en la organización del Estado, en la economía y en la educación-, así como la firma, en 1887, del Concordato entre el Estado Colombiano y la Santa Sede -mediante el cual se le otorga el control de la educación a la Iglesia Católica- y la expedición de la Ley 61 de 1888 o “Ley de los Caballos” -efectivo instrumento de represión que castiga con prisión el exilio o la pérdida de los derechos políticos a quienes alteren el orden público-, son algunas de las reformas que se introdujeron y marcaron el desarrollo cultural y educativo del país durante este período.

 

La prensa fue el medio privilegiado para la promulgación de los ideales del movimiento político regeneracionista y el espacio de debate público entre seguidores y detractores de éste. Mientras periódicos como El Porvenir y La Luz ofrecieron sus páginas para divulgar sus preceptos políticos, otros diarios liberales como El Espectador, El Correo Nacional, El Telegrama, El Demócrata, El Autonomista, El Debate y El Derecho fueron suspendidos y censurados.

 

Con relación a la educación, años después -y en desarrollo de los principios constitucionales promulgados en 1886, que establecieron que “El estado tendrá [...] la suprema inspección y vigilancia de los institutos docentes, públicos y privados, en orden a procurar el cumplimiento de los fines sociales de la cultura y la mejor formación intelectual, moral y física de los educandos”- se expidió la Ley 89, conocida también como el “Plan Zerda”, que reglamentó jurídica y normativamente la educación, y estableció las bases de un sistema nacional educativo sobre el que el gobierno central tenía la suprema inspección y reglamentación. El Plan Zerda organizó la inspección educativa y las direcciones departamentales de educación; dividió la educación en primaria, secundaria y profesional; y dejó a cargo de la administración departamental la instrucción primaria, y la educación secundaria y superior a cargo del Gobierno Nacional.

 

A nivel institucional, durante este mismo período se creó el Registro Nacional del Derecho de Autor, como condición para la protección de las obras literarias y artísticas. Dicho registro funcionaba en la denominada Oficina de Negocios Generales del Ministerio de Instrucción Pública -hoy Ministerio de Educación Nacional-, y se encargaba fundamentalmente de efectuar la inscripción de las obras literarias y artísticas en el Registro, requisito indispensable para la protección de las creaciones. Así mismo, en 1892, el arquitecto Pietro Cantini termina de construir el Teatro Colón y, a partir de 1894, tras la compra de la que entonces era la mejor imprenta de Bogotá -la de "Echavarría Hermanos"-, se organizó definitivamente la Imprenta Nacional, bajo la dependencia del Ministerio de Gobierno, con el objeto de consolidar la historia del Estado colombiano, mediante la publicación y difusión de las normas y reglamentaciones que expedía el gobierno nacional.

 

Hacia finales del siglo XIX, el país contaba con una clase artesanal relativamente numerosa: unos 320 mil artesanos, que representaban el 23% de la población activa, concentrada en los departamentos de Santander, Boyacá y Cundinamarca. No obstante, la expansión de las exportaciones y el incremento de las importaciones representaron la quiebra económica y la paulatina desaparición de este grupo relativamente numeroso de artesanos.

 

Con el nuevo siglo emergieron nuevas corrientes de pensamiento y, aunque se mantuvo la hegemonía conservadora, el aislamiento de las regiones y la predominancia del interior del país en los campos político y económico, nuevos grupos y tendencias de pensamiento hicieron su aparición en el escenario nacional.

 

Entre 1917 y 1920 se edita la revista Voces de Barranquilla, dedicada a las ciencias, la filosofía, las letras, la literatura y las artes. Desde allí se hicieron críticas a escritores consagrados y se presentaron nuevos valores; su transcendencia estuvo en la actividad difusora de las novedades artísticas y científicas del momento. Barranquilla poseía una sociedad culturalmente abierta y debido a su posición privilegiada, se constituyó en un lugar para el encuentro de muchas corrientes de pensamiento. Gracias a las políticas de expansión exportadora que se establecieron a comienzos del siglo, el puerto recibió a comienzos del siglo XX a banqueros y comerciantes ingleses, franceses, alemanes, italianos y catalanes, que permearon el ambiente cultural del Caribe colombiano.

 

La revista Los Nuevos, publicada en Bogotá en 1925, reunió en sus páginas una generación de escritores de gran trascendencia en las letras colombianas, entre los que figuran Germán Arciniegas, León de Greiff, Rafael Maya, Luis Vidales y muchos más.

 

Por entonces, además de las universidades del Cauca, de Cartagena, de Nariño, Nacional, de Antioquia, Externado de Colombia -clausurada en 1895 y reabierta en 1918- y el Colegio Mayor del Rosario, la educación superior contaba con la Universidad Central, fundada en 1913, y la Universidad Libre, fundada en 1923.

 

Hacia 1927, el Ministerio de Instrucción Pública y Salubridad, creado en 1903, se convirtió en Ministerio de Educación Nacional, mediante la Ley 56, que separa las funciones de educación y de salubridad.