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| Cras Publicas de Cartagena. |
El abandono de la práctica del mercantilismo por el librecambio, la revolución industrial y las ideas de la ilustración plantearon importantes transformaciones en las relaciones entre los países europeos y sus colonias.
A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, fue la primera vez en la historia de la Nueva Granada que la iniciativa civil y militar sobrepasó con creces a la religiosa, al revitalizarse el comercio y la administración civil. Durante este período se llevaron a cabo numerosas obras, y la burocracia colonial y los criollos ilustrados, demostrando su entusiasmo por las ciencias físicas y naturales, y su afán por el cambio como medio para romper con su pasado tradicional, promueven un poderoso movimiento de reforma educacional, con sentido estatal y secularizante.
Las reformas buscaban excluir a los religiosos de la enseñanza pública y trazar una educación universal y obligatoria en todas las universidades, en cuanto a método e ideas; promovían la enseñanza en la escuela primaria, la creación de las escuelas de artes y oficios para los artesanos y fomentaban la educación para la mujer.
En 1767, cumpliendo la pragmática sanción de Carlos III, la Compañía de Jesús es expulsada del Nuevo Reino de Granada, y sus bienes y propiedades fueron confiscados, entre ellos la imprenta y la biblioteca.
Todo ese ambiente ilustrado favoreció la iniciación de grandes empresas como la Real Expedición Botánica, y las reformas educativas e institucionales que abrieron los ojos al mundo europeo y a las nuevas corrientes de pensamiento, pero a la vez acentúo el descontento de la clase criolla educada, para la que cada día era más contradictorio el carácter de su postura: formar parte de un grupo letrado al servicio de la monarquía española.
Batalla de Río Palo. José María Espinosa Prieto. Óleo sobre tela. Colección Museo Nacional de Colombia.
Archivo de Juan Camilo Segura.
Foto Juan Camilo Segura
A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII, los monopolios reales de aguardiente y tabaco fueron las fuentes más importantes de ingresos virreinales y fueron precisamente en estos donde se caldearon, en 1781, los primeros alzamientos en contra de la Corona. Los campesinos de la provincia de Santander (Charalá, Mogotes, Simacota y Socorro), en número superior a veinte mil hombres, marcharon a Santa Fe para protestar por los nuevos tributos impuestos por una agresiva reforma tributaria, destinada a recaudar fondos para cubrir el déficit fiscal. Durante su recorrido, por la gestión del arzobispo Antonio Caballero y Góngora, se detienen en Zipaquirá, donde firman unas capitulaciones que fueron anuladas una vez se dispersó la multitud. Posteriormente, José Antonio Galán, principal líder del movimiento, apoyado por la alta clase criolla de Santa Fe inicia una nueva rebelión, pero traicionado cae en poder de los españoles.
Los primeros mártires de esta Rebelión de los Comuneros fueron fusilados, descuartizados o enviados en galeras a cárceles españolas, muchos años antes de darse el grito de independencia. No obstante, estos hechos, junto con las tertulias organizadas para divulgar los nuevos conocimientos ilustrados, y comentar acontecimientos culturales y políticos que ocurrían en el Nuevo Reino de Granada, así como la traducción y publicación por Antonio Nariño en 1793 de “Los derechos del hombre y del ciudadano”, entre otros, inundaron el Nuevo Reino con ideas independentistas.
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