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En 1990 se convoca una Asamblea Nacional Constituyente, por elección popular, con el objeto de iniciar un proceso de reforma constitucional. El hecho que por primera vez se convocara a elecciones populares para elegir los designados a reformar la Constitución de 1886, y la presencia de sectores sociales “disidentes” de los dos grandes partidos políticos, marcaron de forma definitiva la reforma, que se implementó a partir de 1991 y con la cual se formaliza un cambio de época en el país.
Un año después entra en vigor la nueva Constitución, redactada por la Asamblea Nacional, en la cual el Estado Colombiano rompe la relación privilegiada con la Iglesia, que se impuso desde 1886, y se reconoce la diversidad étnica y cultural -al otorgar el derecho a las comunidades étnicas de conservar su lengua y reconocer su autonomía política (relativa), respetando sus derechos a ser gobernados por sus propias autoridades, según los usos y costumbres de la comunidad. La Constitución también avanzó en el terreno del derecho a la igualdad y reconoció la articulación existente entre las dimensiones económicas y culturales, para el logro de una sociedad equitativa.
Durante la década de los noventas, los diversos gobernantes plantearon una propuesta de modernización estatal que respondiera a las exigencias de la apertura económica y de la globalización; se buscó un Estado menos interventor, más regulador, menos centralizado y más confiado en el mercado, como responsable de la asignación de recursos. La reforma estatal y la descentralización adquirieron un perfil marcado por el propósito de reducir el tamaño y la intervención del sector público, se buscó privatizar los servicios públicos, desregular la acción de los agentes económicos, y despolitizar y tecnocratizar la gestión pública, bajo el lema de la eficiencia y la eficacia.
En 1998, el gobierno acuerda una zona de despeje de 42.000 kilómetros para la realización de los diálogos de paz con el grupo guerrillero de las Farc, proceso que fracasa al finalizar el período del Presidente Andrés Pastrana, generando incertidumbre al interior de la población colombiana.
En agosto de 2002 asume como Presidente de la República Alvaro Uribe Vélez, en medio de un halo de incertidumbre al interior del país. Su propuesta de mano firme frente a los violentos es acogida en su mayoría por el pueblo colombiano y de inmediato comienza a aplicar su Plan de Gobierno.
En términos de cultura se definieron cinco líneas de acción, queriendo convertir las políticas de gobierno en políticas de Estado. Dichas líneas son las siguientes: Fomento y estímulo a la creación, Cultura para construir Nación, Descentralización y participación ciudadana, Nuestra cultura ante el mundo, y Cultura como eje de desarrollo, orientadas a fomentar la solidaridad, la convivencia pacífica y el acceso amplio y democrático a la creación y al disfrute de las manifestaciones culturales.
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