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SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Ritmos - BOLÍVAR

La Gaita

 

El origen indígena de las flautas, hoy llamadas gaitas, proviene de los conjuntos mestizos costeños, pues aún todavía existen con iguales características entre los indios cunas con el nombre de suarras, y los kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta con el nombre de kuisi, en sus dos modalidades: hembra y macho. La flauta o gaita hembra tiene cinco orificios, uno para cada dedo, pero uno de ellos, ya sea el inferior o el superior, está tapado con cera, de modo que el instrumento se toca con dos dedos de cada mano; a diferencia de la gaita macho, que tiene dos huecos en su extremidad inferior.

 

Tradicionalmente, el conjunto de gaitas está acompañado por un tambor Hembra, Llamador o tambor pequeño y las maracas, aunque actualmente se le han agregado el guacho y el bombo, instrumentos que no se utilizaban años atrás. Lo mismo que el canto, los sones eran instrumentales, y fueron antiguos decimeros quienes les pusieron letra, especialmente después de que se hicieron las primeras grabaciones discográficas.

 

A propósito de las letras del conjunto de gaitas, George Listio (1969) escribió: “La influencia hispánica en el conjunto de gaitas se deja sentir con máxima claridad en los textos de los cuartetos o coplas que se cantan. Generalmente es el ejecutante de la flauta macho quien canta estas coplas, para lo cual interrumpe la ejecución del instrumento mientras prosigue sacudiendo la maraca. El texto de la música forma la conocida forma europea de la estrofa, de contenido verbal diferente aunque se cante acompañado por la misma estrofa musical. Las estrofas se alternan con un estribillo o refrán en el que texto y música son los mismos con cada repetición. Los dos tamboreros actúan a manera de coro durante la ejecución del refrán. Las coplas exhiben los rasgos prosódicos comunes en el antiguo romance español, es decir, cuarteto basado en el verso octosílabo con rima asonante en los versos segundo y cuarto”. (subrayas no textuales)

 

Aunque los antiguos gaiteros han ido desapareciendo, de alguna manera han sido reemplazados por las bandas de viento, ya que existen en la actualidad muchos conjuntos de gaiteros, especialmente en los corregimientos de San Jacinto, San Onofre, San Pelayo, Tubará, Malambo, Sabanalarga y Rosario del Chengue.

 

Los ritmos más interpretados por los gaiteros son: la gaita, la cumbia, la puya corrida, el paseo, el merengue golpiao’ y el porro palitiao’.

 

Cañamilleros

 

Aquí se presenta la misma combinación de instrumentos indígenas; en este caso, la flauta de millo y los tambores de origen africano. En la elaboración de los instrumentos entran en juego una serie de conocimientos específicos que determinan, según los músicos, la intensidad y la calidad del sonido.

 

Instrumentos musicales

 

La Gaita

Tubos hechos en carbón vegetal. En la extremidad superior se le fabrica una cabeza hecha en cera de abejas y carbón vegetal. A esa cabeza se le fija un cañón de pluma de pato o pavo. De esta manera, al soplar, una parte del aire se rompe contra el borde superior del tubo y otra parte se va por el orificio en la cabeza.

 

Este instrumento se fabrica de una caña tupida, preferencialmente de madera de cardón, que es como una especie de cactus; la cabeza se elabora con cera de abeja montañera mezclada con carbón molido y miel; dentro de la cabeza se introduce el cañón del ala remera de un patomacho viejo, y es a través de este orificio por donde se emiten los sonidos.

 

Sin lugar a dudas estos dos instrumentos podrían catalogarse como los más originales en su construcción, los más auténticos por ser decididamente los utilizados por los indígenas y las mezclas de razas de la Costa Atlántica y, además, logran los más excitantes y bellísimos sonidos, únicos en Latinoamérica y con los cuales nació, la Cumbia, el Mapalé o Berrinche y el Porro, además de otras formas derivadas, como la Gaita.

 

La diferencia que existe entre la gaita Hembra y la gaita Macho es el número de orificios. Por ejemplo, en la hembra sólo utiliza cuatro, pues el quinto se encuentra tapado con cera de abejas.

 

Organológicamente, la Gaita es un instrumento aerófono que le da el nombre a esta variedad de ritmos musicales y danzarios. Es un instrumento indígena de centenares de años de antigüedad, con las características de una flauta dulce que se puede incluir en la familia de los oboes, por su parecido en la boquilla. Los españoles, al llegar a América, asemejaron su sonido al de las gaitas gallegas, asignándoles así este nombre.

 

Por su estructura musical natural, da para escalas mayores y menores e incluso dos y tres tonalidades para melodías de alguna exigencia.

 

El conjunto típico de gaitas, conformado por las ya mencionadas dos gaitas (Macho y Hembra), tambor alegre, tambor llamador, bombo y maracas, ve remplazados sus instrumentos en la zona de sabanas, por los de las ya en desuso bandas marciales, que animaban el combate en la guerra de independencia, y así los instrumentos antes utilizados para infundir animo al combate, dieron paso a la interpretación de la música tradicional costeña, dando origen a las bandas pop.

 

La Tambora

 

Es el ritmo representativo de la cultura de las regiones ubicadas en la Depresión Momposina y el sur del departamento de Bolívar, extendiéndose a la parte sur de Magdalena y Cesar.

 

El conjunto tambora está integrado por la tambora o bombo, un currulao o tambor alegre, una cantadora solista, coro mixto que la acompaña con palmas o tablitas y modernamente los idiófonos, maracas y guache.

 

Rítmicamente comprende varios sones entre los que se destacan, la tambora, el berroche, la guacherna y el pajarito o chandé.

 

Instrumentos musicales

 

Tambora

Instrumento de percusión de una sola membrana. Se elabora a partir de un tronco de árbol que mide aproximadamente 50 centímetros de largo y 60 centímetros de diámetro. La membrana se saca del buche del caimán o la piel de venado, ovejo o chivo.

 

Tambor alegre

Instrumento de percusión de una sola membrana. Se elabora a partir de un tronco de árbol que mide aproximadamente 80 centímetros de largo y un diámetro de 30 centímetros.

 

Guache

Es un instrumento generalmente de corte alargado, hecho de lata o metal, el cual va tapado en ambos lados y se le hacen una serie de huecos en su parte externa; en su parte interior contiene piedrecitas o semillas que suenan a partir del movimiento de arriba hacia a abajo y de abajo hacia arriba, tomándolo con ambas manos por cada lado.

 

Maracas

Son un par de sonajas ovoides fabricadas del fruto vaciado del calabazo, dentro del cual se introducen semillas o pequeñas piedras. De esta manera al sacudirlos, los pequeños elementos se chocan entre sí y con las paredes del calabazo, produciendo el sonido. Generalmente se carga una de las maracas con mas semillas para poder diferenciar las sonoridades.

 

La Décima

 

Guarda en su forma literaria la misma construcción métrica con la que la hizo Vicente Espinel, en Madrid, entre los años 1591-1599, aferrándose en el inconsciente popular, tradición recibida por sus padres de generación en generación.

 

Consta de 10 versos octosílabos, de los cuales por regla general, rima el primero con el cuarto y quinto, el segundo con el tercero, el sexto con el séptimo y el último y el octavo con el noveno.

 

Es común esta manifestación folclórica entre los campesinos bolivarenses, interpretándose “a capela”, quienes con facilidad la improvisan, en sus encuentros y “piquerías”, así como está compuesta la de Gabriel Segura, en homenaje a la ciudad de Cartagena de Indias:

 

En tus fiestas novembrinas

Y su santo San Martín

Llevamos alegría sin fin

Hasta tus playas marinas.

Y en las noches vespertinas,

Se mira la mar serena,

Luego la mujer morena

Por el Camellón pasea

Y el negro que la desea,

Así eres tú Cartagena.

 

Las bandas

 

Las bandas que llegaron en el siglo XIX para interpretar marchas militares, vals, polcas, mazurcas, danzas y contradanzas de los bailes de salón de las clases altas se trasladaron más tarde a los otros estratos sociales para amenizar las fiestas populares de corralejas y fandangos.

 

Al parecer, no hay pueblo en esta región que no tenga un día especial en el calendario del año, en donde festeje sus santos patronales, la recolección de la cosecha o su fundación. Siempre lo festejan con fiestas de corraleja y con fandango por la noche. Como estas fiestas se hacen a la intemperie en una corraleja que tiene prácticamente una hectárea donde no hay acústica, vemos que el acordeón no suena como tampoco los pitos y tambores de los cañamilleros y gaiteros, entonces lo único que sirve es la banda, conformada por quince músicos.

 

Pero en las formas de la danza encontramos antecedentes como en el relato recogido por Fals Borda, en el capítulo "Los embrujos del Sinú" del último tomo de su libro “Historia Doble de la Costa”... “continuó relatando niña Juana: nos alcanzaba el tiempo para poner también un fandango no cantao’ que llamamos paseao’, no sólo porque se llevaba caminando por las calles sino porque los bailadores eran más numerosos que el cantao’ y se organizaban al tiempo unos tras otros en ruedas u olas, dando vueltas en una plaza con velas alrededor del conjunto de músicos. Estos tocaban bombo a porrazo, guaches y dos clases de pitos de los indios: el de cabeza de cera (gaita) y uno "atravesao" llamado cumbia millo”.

 

Este testimonio es interesante porque describe el desarrollo coreográfico del fandango actual, que se realiza en sucesivas ruedas de parejas, con velas alrededor de la banda de músicos.

 

En cambio, en el instrumental aparecieron dos tipos de porro: el Porro Tapao’ Sabanero, surgido en Carmen de Bolívar en el año 1850 y que fuera llevado durante el decenio de 1860 desde el Carmen a Corozal y las sabanas a través de Chinú, Purísima, Lorica, Sabanal y Ciénaga de Oro; además, el Porro Palítiao’ Pelayero, que según la investigación de Fals Borda se inició como aire auténtico en 1902, en San Pelayo, detrás de la iglesia del pueblo, ejecutado debajo de un árbol de totumo.

 

En un artículo sobre tradiciones de Córdoba se encontró que el Porro Pelayero tiene básicamente dos partes: el porro en sí y la boza, que se repiten dos o tres veces cada vez que se ejecuta la misma obra. En su estructura, el "porro en sí" es un diálogo musical que se establece en tres trompetas que preguntan y clarinetes y bombardinos que responden, mientras que en la boza se suspende el diálogo, callan las trompetas y el bombo se golpea con el mango de la porra en una tablilla que está en la parte superior de éste; los clarinetes, siguiendo una idea musical preestablecida, improvisan un discurso musical adornado con figuras que tejen los bombardinos.

 

Música de Sextetos

 

La marímbula

Algunos aspectos musicales refuerzan la hipótesis de los lingüistas sobre la presencia de vocablos kikongo, de la familia bantú, para atribuir a los palenqueros su origen en esta cultura; este es el caso de “la marímbula” que pasó después a los conjuntos de son en el área del Caribe, y que todavía se conserva en Palenque para la interpretación de este ritmo.

 

Este instrumento está hecho de un cajón de gran tamaño, con una serie de flejes de metal, que se hacen pasar por debajo de una varilla, entre otras dos que lo levantan de la tapa de la caja, la cual tiene una abertura de resonancia. El músico hace deslizar los flejes, y éstos, al variar su longitud, modifican la afinación del instrumento. El ejecutante dispone de un juego de combinaciones de dedos, con ambas manos, que le permiten acompañar con distintos ritmos. Al mover las lengüetas se podrá afinar la marímbula al tono en que toquen los demás músicos. Este instrumento realiza un bajo armónico sobre la subdominante, dominante y tónica del tono. La marímbula por su tamaño produce sonidos de mayor intensidad que las pequeñas sen-zas o mbiras de origen bantú, de donde procedían.

 

En un momento de su evolución, los instrumentos que se usaban para acompañar el son lograron agruparse en determinados tipos de conjuntos. Este mismo género se fue concentrando en la forma que tuvo posteriormente. Esta música fue llevada a la capital por una población rural que quedó frustrada y desplazada después de la victoria de la Guerra de la Independencia. En La Habana, a la guitarra que acompañaba y llenaba una parte grave, y al fres que seguía al cantor y a una parte aguda se le fueron añadiendo los demás instrumentos (sexteto o septeto): guitarra, tres, maracas, claves y bongó. La marímbula o una segunda guitarra completaban el conjunto.

 

En Cuba, en el proceso del desarrollo del son, a la marímbula, por su escasa sonoridad, pronto se le sustituyó por un contrabajo y se le incorporó después una trompeta, y algunos tocaron hasta con un pianino vertical. En ese instante fue cuando el son, que había llegado a la capital cubana en la segunda década de este siglo XX, fue rechazado en los salones elegantes; no obstante, con su enorme fuerza de gran himno popular, rompió todas las barreras sociales y se convirtió en una fuente de explotación capitalista, principalmente por medio del disco. Por esa época algunos soneros viajaron a América del Norte para hacer sus grabaciones y otros lo hicieron a Europa.

 

No se sabe con exactitud cómo llegó el son a Palenque: si fue a través de discos que se escuchaban en ese tiempo en Cartagena y gracias a la gente que viajaba por el Caribe.

 

El cancionero del son se puede localizar hoy en la zona donde se movilizó un intenso comercio marítimo de cabotaje desde el siglo pasado, y que comprendía a Cartagena y a Yucatán, en el continente, hasta la Isla de Pinos y demás puertos del sur de Cuba — desde la Coloma y la Bahía de Cienfuegos hasta Manzanillo y Guantánamo—, Jamaica y las islas Caimán, Haití, Santo Domingo y Puerto Rico.

 

Según José Valdés Simancas, fundador del actual Sexteto Palenquero, el primer sexteto fue organizado en Palenque por personas del Barrio Arriba, hacia el año de 1930. Como la gente iba muriendo y el sexteto se estaba acabando, unos años más tarde, jóvenes de esa época de este barrio decidieron fundar el que permanece hasta hoy.

 

El Sexteto Palenquero nunca tuvo guitarras y tampoco se le agregaron instrumentos como trompetas, piano o contrabajo. Se debe tener en cuenta que en Cuba el son empezó a ser interpretado por conjuntos urbanos y que Palenque continúa siendo hasta el presente un pueblo de agricultores y ganaderos pobres.

 

Los instrumentos del sexteto palenquero son la marímbula, las claves, las maracas, dos tambores -que dentro del sexteto los mismos músicos denominan timba o timbales, pero que en la práctica son los mismos quitambre y llamador utilizados en el lumbalú y bullerengue-, y la guacharaca o güiro.

 

Las canciones que interpretan estos músicos pertenecen todas al género son, y se inician siempre con una pequeña introducción a manera de danzón o bolero, cuyo ritmo se va acelerando poco a poco.

 

Los nombres, la mayoría de las veces definidos por el estribillo que se repite después de cada pasaje o copla, dan una idea del tema a veces satírico, amoroso o descriptivo de las más diversas circunstancias personales, entro otros: “La reina de los jardines”, “Mujer traicionera me enseñaste a querer”, “El cascabel en la arena”, “Adiós mi Carmelina”, “La vida es muy bonita pero al fin siempre se acaba”, “A las orillas de un río” y “Mentira baila Salomé”.

 

Esta música se interpreta en Palenque en las más diferentes situaciones sociales, o sin ningún motivo especial; actualmente también se acostumbra en el funeral de cualquiera de los músicos pertenecientes al sexteto.

 

El porro

 

Otro de los aires folclóricos de la Costa Atlántica Colombiana es el porro, un baile originalmente danzado por los negros esclavos en torno de los tambores de forma truncada y monomembranófana llamados "porros". El porro antiguo parece que se tocaba en la Costa Atlántica con instrumentos indígenas complementados con el ritmo que hacia un coro a través de las palmas de las manos, repitiendo estribillos convencionales. Claro está que el porro moderno recibió el aporte foráneo del instrumental metálico, que es el que actualmente se baila principalmente en los departamentos de Córdoba y Bolívar.

 

Existen dos variedades de porros que han sido estudiadas por los folclorólogos de la música costeña:

 

El Porro Palitiao’ o Gaita con Ritmo Lento, en cuya interpretación el bombo hace una pausa en los estribillos y en algunos momentos se golpea en el aro con dos palitos que llevan el ritmo a manera de cencerro, por lo cual algunos lo llaman "palitiao".

 

El Porro "el Tapao’", llamado también "Puya"; aquí en la interpretación jamás deja de sonar el bombo y a cada golpe se va tapando el parche opuesto con la mano, esto es, se oprime este parche opuesto para que no vibre más; antiguamente se bailaba en forma suelta.

 

El bullerengue

 

Otra de las variantes de la cumbia es el bullerengue, de ritmo acelerado y agitado. Este aire folclórico se adorna con agitados ademanes, expresivos del carácter de fecundidad femenina y termina en gran torbellino de cruces de parejas en cuadrillas o filas de hombres enfrentados. A veces se acompaña de coplas.

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