SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Arqueología - CAQUETÁ

Riqueza arqueológica
 

Existen petroglifos en las orillas del río Caquetá, en la zona de Araracuara, y en el río Hacha, que circunda la ciudad de Florencia, a kilómetro y medio del centro de la misma.

 

Petroglifos de “El Encanto”

 

Grabados en piedra en el sitio “El Encanto”, en la margen izquierda del río Hacha, a la altura del barrio Torasso, en Florencia. La piedra se localiza a 1.5 kilómetros del centro de Florencia, en el predio del Colegio Nacional La Salle, ubicado a 450 metros sobre el nivel del mar.

 

Los petroglifos se localizan en la parte inferior de la roca, éstos están hechos en dos caras de la misma roca, los de la pared más larga miran hacia el noreste, en la otra cara, los grabados miran hacia el suroeste. Los grabados se extienden 16 metros de longitud por un metro de altura, y forman un gran conjunto en dos caras.

 

La piedra grabada de “El Encanto”, se encuentra en la parte inferior del cañón del río Hacha; forma parte de un estrato rocoso que aflora sobre las paredes del cañón en ambas márgenes del mencionado río, que lo cortó verticalmente. Los bajo-relieves fueron hechos sobre el zócalo de la gran roca que forma un abrigo natural. En la actualidad, llegar hasta la piedra es muy fácil y el paraje alrededor de los petroglifos es muy bello; aunque esta parte del río es frecuentada por pescadores, en general, la zona es muy solitaria. Visitar los grabados no comunica ningún misterio, pero sí un encanto muy especial, de allí el nombre del lugar.

 

Los motivos que se encuentran en la roca son muy particulares. Se consideran importantes para un análisis más detallado sobre el arte rupestre de la región y su relación o diferencia con manifestaciones rupestres de otras zonas.

 

En Florencia se encuentra el museo antropológico, en donde se pueden apreciar los utensilios de caza y pesca, vestido, adornos, escultura, pintura además de una biblioteca especializada en nuestras culturas indígenas.

 

De los petroglifos de la zona del Araracuara no se tiene reseña en el Instituto de Cultura Departamental.

 

La arqueología en Colombia se caracteriza por el desarrollo de pocos proyectos de investigación; principalmente se concentran en el medio Caquetá. Sin embargo, la investigación que se ha adelantado es muy particular cuando se la compara con la producción académica del país. La razón está en la alta calidad de los proyectos que se han adelantado en esta región. Todos ellos se caracterizan por tener preguntas de carácter universal.

 

Las principales preguntas de investigación han sido formuladas respecto a cómo la selva tropical fue ocupada por los humanos, cuál fue el impacto de la explotación de recursos forestales, cómo fue posible que las poblaciones humanas se asentaran y mantuvieran baja movilidad, y los tipos de patrón espacial que ellas generaron en cuanto al uso del paisaje.

 

Todas estas preguntas de una u otra manera están relacionadas con la demografía de la Amazonía y con la pregunta presente sobre qué volumen de población puede soportar esa región, y en qué condiciones la región se puede sustentar. Todas estas preguntas son importantes cuando se relacionan con modelos explicativos que ayudan al diseño de políticas de Estado para esta zona del país. También se argumenta que el desarrollo de la arqueología amazónica en Colombia es reciente, 30 años, y ha sido una actividad marginal en donde no se han considerado sus resultados por parte del Estado en la creación de mecanismos de difusión al público.

 

En Colombia la comunidad de medio-ambientalistas y biólogos continúa ignorando el impacto que la actividad humana ha tenido en la Amazonía en los últimos 10.000 años. Ellos siguen con la idea de que los humanos no son más que un ruido irrelevante para los conceptos de biodiversidad y que la Amazonía es un medio ambiente prístino. La arqueología y la antropología colombianas son las únicas alternativas para confrontar esas visiones tan rígidas y estimular una interpretación de la selva tropical húmeda que pueda ayudar en el diseño de políticas más a tono con las poblaciones indígenas y las demandas de la colonización de la región.

 

Una de las características del desarrollo de la arqueología en la Amazonía colombiana es su baja producción científica frente a los países de la Cuenca Amazónica; esta región colombiana sigue siendo un área desconocida, donde prácticamente no hay arqueólogos trabajando y donde a lo sumo, en promedio, en los últimos 20 años sólo ha existido un proyecto de investigación, desarrollado por unos pocos que han contribuido con menos del 1% de la producción arqueológica del país y esto se mantiene así en cada década.

 

La producción arqueológica se inició a finales de la década de los sesentas con el trabajo realizado por el norteamericano Charles Bolian, en el Trapecio Amazónico. A partir de entonces, sólo en 1976 se hizo el primer trabajo arqueológico por parte de una colombiana, Elizabeth Reichel de Von Hildebrand (Resultados preliminares del reconocimiento del sitio arqueológico entre La Pedrera y Araracuara), trabajo arqueológico que se ha enfocado en el área aledaña a la población de Araracuara, sobre el río Caquetá, debido en parte a la facilidad logística que brindaron en el pasado la corporación de Araracuara (COA) y el programa de selva tropical holandés "Tropenbos".

 

Es tal el grado de carencia de una arqueología amazónica en Colombia, que ni siquiera en los museos nacionales existe mención alguna sobre culturas arqueológicas. Este hecho es increíble si se tiene en cuenta que el territorio con mayor diversidad lingüística y étnica, equivalente a un tercio del país, no existe en cuanto a su pasado.

 

Los antropólogos y arqueólogos han notado la existencia de las llamadas terras pretas, suelos negros o antrosoles en la Cuenca Amazónica por largo tiempo; desde que la arqueóloga Elizabeth Reichel (1976) los detectó en La Pedrera se han adelantado un sinnúmero de trabajos en torno a sus características físicas y químicas, asociación cultural, procesos de formación, cambios de vegetación asociados a las prácticas agrícolas que se ejercieron en ellos y tamaño de éstos.

 

La Amazonía se veía como un espacio relativamente homogéneo, donde los suelos y los recursos impedían el desarrollo de complejas sociedades y la agricultura migratoria no favorecía la sedentarización y la complejización cultural. Este esquema cambió un poco con Roosevelt (1994), quien propuso que las zonas de inundación estacional favorecieron crecimientos demográficos altos y procesos de complejización iguales a los de cualquier civilización, incluida la explotación del maíz.

 

Los trabajos hechos en Araracuara curiosamente no se han planteado la pregunta de por qué la necesidad de intensificar la producción agrícola mediante los suelos negros. Independientemente de las explicaciones de cómo se crearon los suelos negros, que responden a una pregunta interesante de por sí, seguimos sin una explicación lógica de la razón. Hay que anotar que independientemente del origen de los suelos negros, éstos son parches relativamente pequeños que sin duda, en el caso de Araracuara, fueron aprovechados repetidamente. Está por comprobarse si dichos suelos corresponden a una agricultura migratoria o realmente a un proceso de agricultura intensiva.

 

En treinta años de arqueología amazónica, pese a la escasez de recursos y al poco interés de los profesionales por trabajar en esta área, quienes lo han hecho, con enormes sacrificios, han generado un conocimiento rico, útil, valioso y de alta calidad que contrasta con el de otras regiones más estudiadas. La relevancia de los trabajos no está dada por la clásica anotación de que son estudios importantes porque no hay nada más; son resultados importantes porque los investigadores han sabido ponerlos en discusión a escala internacional.

 

Esto ha sido posible gracias al profesionalismo de los arqueólogos que llegaron a trabajar a la ésta región (Elizabeth Reichel, Warwick Bray, Leonor Herrera, Angela Andrade, el equipo de Erigaie que dirige Luisa Fernanda Herrera de Turbay). Todos ellos poseían ya un bagaje de experiencia extraída de otras regiones del país, cosa que los impulsó a aprovechar al máximo los resultados obtenidos; todos llegaron con claridad en los objetivos del proyecto.

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