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SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Arqueología - CAUCA

Tierradentro

 

Es una zona llena de historia y pasado. Cada tumba, cada estatua, es una manifestación de una cultura que rindió homenaje a sus muertos, dio simbología a los colores y a las figuras geométricas, integrando la vida, la muerte, el cielo, la tierra, el bien, el mal, la fuerza y la debilidad.

 

El puente sobre la quebrada de San Andrés en el Parque Arqueológico de San Andrés de Pisimbalá, une el sector del museo etnográfico con el Alto de Segovia y el Duende, donde encontramos tumbas de entierros secundarios. El Alto de Segovia posee 28 tumbas de entierros, algunos con figuras geométricas rojas, negras y blancas. En el Alto del Duende se encuentran 4 hipogeos decorados, los más grandes del lugar, uno de ellos de doble cámara.

 

La región de Tierradentro, ubicada en las entrañas del Macizo Colombiano, es una región arqueológica de gran importancia. El territorio fue llamado así desde la época de la Conquista, por ser de difícil acceso y complicada topografía. Actualmente, la región está habitada por los indígenas paéces que la ocuparon antes de la llegada española y la defendieron ferozmente de la invasión de los conquistadores..

 

Hipogeos

Construidos en una roca no muy dura, cerca de la superficie, están localizados en las partes altas de los montes y en los filos de las cuchillas. Tienen una profundidad de 7 a 8 metros, escaleras verticales en zigzag o en espiral. Una vez determinada la profundidad y dirigida la excavación de forma tal que la cámara lateral quedara orientada hacia el interior de la montaña y no hacia la ladera, se delimitaba la puerta, no muy ancha (al rededor de 1 metro), con altura suficiente para permitir el acceso a la bóveda, cuyos diámetros varían entre 1,50 y 3 metros de altura.

 

Algunas tumbas de poca profundidad carecen de un acabado especial, al igual que la cámara que contienen. Las tumbas de mayor tamaño cuentan con 2 y 3 columnas para sostener su estructura. En estas columnas es frecuente hallar motivos humanos pintados hacia el frente, especialmente caras, mientras que en las pilastras que separan los nichos existen los mismos rostros y cuerpos enteros tallados. Los nichos, cuando los hay, son 3, 4, 5 ó 7, separados por columnas.

 

En la Loma del Aguacate y Segovia se han hallado tumbas decoradas con lagartos de color rojo que trepan por las paredes, las de Segovia están pintadas en los tres colores básicos blanco, negro y rojo, rodeadas de medias lunas y líneas horizontales que separan lo celestial de lo terrenal.

 

En el piso de los recintos se hacían agujeros para enterrar huesos de varias personas y en urnas de cerámica se guardaban los restos de otros muertos. Estas tumbas son también osarios, a los cuales se trasladaban los huesos después de un tiempo de permanencia en otros sepulcros, o después de una cremación, pues algunos aparecen quemados. Estos se conocen como entierro secundario pues junto a las urnas con los restos se encuentran ollas de boca angosta y alcarrazas de doble vertedera, cuencos grandes y pequeños.

 

Cerámica

Las vasijas se elaboraban con un sistema de tiras de barro que se iban enrollando en forma de espiral, partiendo desde la base, luego se pulían con espátulas de totumo y finalmente se decoraban con piedras pequeñas y colores: rojo, negro y blanco, formando líneas por dentro o fuera de la vasija y agujeritos en serie con representaciones zoomorfas y antropomorfas (serpientes, lagartijas, jaguares, ciempiés y figuras humanas). Dichas representaciones simbolizaban la tierra, la muerte, el sexo y la fertilidad, los cuatro temas más importantes en la mitología indígena de Tierradentro.

 

Estatuaria

Se han encontrado varios sitios con estatuaria en el municipio de Inzá: Loma Alta, San Francisco, El Hato, Víbora, San Isidro, San Andrés, El Picacho y Santa Rosa. Son tallas pequeñas, de menos de un metro, representan personajes de la vida diaria: la madre cargando al hijo, el hombre con sus adornos. Las estatuas más grandes guardan relación con la muerte y muestran una mayor rigidez con pies juntos, brazos doblados sobre el pecho y la cabeza de mayor proporción que el resto del cuerpo.

 

Gracias a las estatuas es posible apreciar los tocados, orejeras, aretes, collares, pendientes, brazaletes, chumbes, jugras, faldas y cubre sexos usados en aquellas épocas precolombinas.

También se encuentran tallas en piedra de casas y animales, especialmente lagartos y ranas (símbolos de la fertilidad), con fauces felinescas y colmillos amenazantes.

 

Petroglifos

Soles, caras humanas, lagartijas, espirales, círculos concéntricos, líneas rectas, rombos, zigzag, son los motivos más frecuentes vistos en los petroglifos esparcidos por Belén, Turminá, Pedregal, San Francisco y San Andrés. 

 

Sitios arqueológicos

 

El Museo

Localizado en la casa de la administración, contiene piezas de cerámica y orfebrería recientemente encontradas.

 

Segovia

El sitio más importante de la zona. Tiene aproximadamente 15 tumbas de distintos tamaños con distintos decorados (ubicada a15 minutos de la administración).

 

El Duende

Cuatro hipogeos muy bien conservados, donde se aprecia mejor la parte pictórica (ubicada a 25 minutos de la administración).

 

El Aguacate

Emplazados espectacularmente en lo alto del monte, desde donde se aprecia un paisaje maravilloso, estos seis hipogeos de nichos cuentan con decoraciones muy elaboradas (ubicado a 1 ½ horas de la administración).

 

Alto de San Andrés

Ocho hipogeos ubicados frente al pueblo del mismo nombre (ubicado a 20 minutos del casco urbano).

 

El Tablón

Ocho estatuas de características similares a las de San Agustín, testimonio de la relación que en determinado momento existió entre los dos pueblos (se encuentra a 10 minutos por el camino que va de la administración a San Andrés de Pisimbalá).

 

El Merne

Numerosos hipogeos y varias estatuas que han sido trasladadas a la Casa Museo y a Inzá.

 

La Pirámide

Esta inmensa roca tiene en su parte interior dos tumbas en forma de túneles (Se encuentra a 30 minutos de Inzá).

 

Sitios arqueológicos de Popayán

 

La Elvira

En el año de 1989, Cristóbal Gnecco y Carlos Humberto Lleras realizaron trabajos de excavación en el sitio La Elvira, localizado a 10 kilómetros al norte del Municipio de Popayán, en la margen derecha de la vía Cali – Popayán, en el kilómetro 129, vereda de Río Blanco. El sitio corresponde a una cima ligeramente aplanada, con pendiente prolongada hacia el norte, por donde fluye el río Blanco.

 

Tiene un área aproximada de una hectárea y se caracteriza por presentar restos de antiguos pobladores semi-nómadas, correspondientes a sociedades en transición de cazadores-recolectores a horticultores. Las evidencias arqueológicas corresponden a varios artefactos fabricados en roca de obsidiana (vidrio volcánico), entre ellos raspadores, puntas de proyectil, cuchillos finamente tallados para la cacería, desprese de animales, corte de raíces y otros materiales vegetales, lo que demuestra que estos grupos eran cazadores y pescadores, además de recolectores de frutos.

 

Valle de Pubenza - El Morro de Tulcán

Se localiza en la zona urbana del municipio de Popayán, costado noreste.

Las excavaciones demostraron evidencias del acondicionamiento del cerro, mediante terraplanes, rellenos, adobes y lajas de piedra. En la parte superior del cerro se encontró un cementerio con varios tipos de tumbas. La importancia de El Morro Tulcán radica en las manifestaciones ceremoniales que probablemente tuvieron lugar en esta zona, unidas al dominio de las condiciones naturales del terreno.

 

La construcción indígena se orientó hacia el arreglo de una pirámide sobre la base de la formación natural. Esta pirámide fue trabajada de tal manera que tuviera dos grandes pistas ceremoniales inclinadas y opuestas simétricamente.

 

Es probable que los grupos humanos creadores de la estructura fueran agricultores sedentarios, dependientes especialmente del cultivo del maíz, puesto que se han hallado varias manos de moler y un fragmento de piedra para triturar.

 

Además de la fabricación de cerámicas e implementos de piedra, se desarrollaron el hilado y el tejido que utilizaron el algodón como materia prima para confeccionar sus prendas de vestir.

 

El hallazgo del cementerio cerca de la cima dejó al descubierto 14 tumbas en diferentes lugares de la pirámide. En una de ellas se hallaron huesos de caballo doméstico, en otras cuatro piedras demarcando los ángulos de un rectángulo, que cuando había esqueletos estaban a la altura de la cabeza y las rodillas. Los entierros correspondían a adultos y niñas. Esto permite considerar que la pirámide del Morro también se relacionó con ritos funerarios.

 

Hallazgos arqueológicos de épocas tardías en el Valle de Popayán, corresponden aproximadamente a 600 años antes de nuestra era, época en que el Valle y los contrafuertes de las cordilleras Occidental y Central estaban habitados por los indígenas pubenenses.

 

Los trabajos de infraestructura son constantes, así como plataformas artificiales de viviendas, terraplanes en la cima de colinas, caminos antiguos y campos acondicionados para cultivos con drenaje que también se encuentran en las regiones altas de Coconuco, Paispamba, Puracé, Totoró y Silvia (West, 1959).

 

Las habitaciones eran tanto de forma circular como cuadrada, hechas de madera y hojas; también utilizaban la caña. También existía una construcción pequeña hecha con caña y hojas de palma, la cual estaba destinada exclusivamente para la reclusión de las mujeres durante sus periodos menstruales, durante los cuales no tenían contacto con ninguna persona y los alimentos les eran dejados en la puerta..

 

Para ir a combate, los pubenenses iban desnudos con su cara, brazos y piernas pintados de rojo, negro y amarillo, con coronas de plumas de papagayo en la cabeza, collares y brazaletes, y pecheras a las cuales los españoles llamaban “patenas”.

 

La organización social de estos grupos estaba formada por los caciques principales y gubernamentales, los curacas (médicos), los yaz (sacerdotes), los is (colonizadores) y los guaruvos (directores de siembra y recolección). De estos personajes, quienes no fueran capaces de regir en su cargo, eran inmediatamente reemplazados y sancionados hasta con la muerte.

 

La industria más desarrollada en el Valle de Pubenza era sin duda alguna la de los tejidos de algodón, que practicaban las mujeres dentro de la casa. Se utilizaba la aspana, especie de lanzadera o aguja tejedora de madera, que debe manejarse con precisión por entre los hilos tendidos en la guanga, para el dibujo, grabado y colorido de las telas. También usaban el inguil, que servía para unir parejos los hilos consolidando el tejido con golpes sucesivos.

 

Para preparar el algodón, los pubenenses sujetaban un trípode al mazo de algodón cardado e iban extrayendo la fibra adelgazándola con los dedos. La puchicanga, chuzo en forma de trompo, donde entorchaban el hilo, completaba la maquinaria primitiva.

 

Empleaban el fique para tejer sus hamacas, las jigras y las cuerdas de las guaracas, las redes sin nudo para el combate, las sogas para el uso doméstico, el acarreo y ciertas labores.

 

La segunda industria era la cerámica, de la cual dejaron pruebas de adelanto. Los trastos, ollas, vasijas, platos y jarros muy dibujados eran hechos a mano y sorprenden por su perfección.

 

También es importante destacar la fundición de oro y la orfebrería. En el Cauca se han hallado crisoles muy finos donde los pubenenses derretían el oro para hacer sus petos, brazaletes, argollas, cintillos y narigueras.

 

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