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SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Población - CAUCA

El gentilicio del departamento es caucano y el de la capital, payanés.

El Departamento de Cauca es uno de los más diversos geográfica, social y culturalmente. Posee varios climas, desde el clima de páramo de Valencia hasta el templado de la costa pacífica o del Valle del Patía. Cuenta con innumerables riquezas naturales y variedad de especies de flora y fauna. Así mismo, cuenta con una importante variedad étnica ya que conviven indígenas, negros y mestizos, que generan gran diversidad de manifestaciones artísticas y culturales.

 

En el Cauca se encuentran 8 etnias indígenas: los yanaconas, los ingas, los kokonukos, los totoroes, los paéces, los guambianos, los eperara y los siapidara.

 

El norte del departamento es una región que hace parte del valle geográfico del río Cauca, cuyos pobladores negros conservan sus tradiciones.

La Costa Pacífica Caucana es una zona geográfica compuesta por manglares y selva húmeda, surcada por numerosos ríos y caños que son la vía de acceso a las partes alejadas. Cuenta con la presencia de núcleos de población negra e indígena que conservan y practican expresiones musicales de origen africano.

 

El oriente del departamento está ubicado sobre la Cordillera Central, cuya población se caracteriza por ser rural: campesinos y en su mayoría indígenas paéces, totorós, kokonucos y guambianos.

 

El sur del departamento está formado por el Valle del Patía, el Macizo Colombiano y la Bota Caucana. La población de esta parte del departamento es en su mayoría campesina e indígena.

 

Dentro de la población indígena del departamento se encuentran los siguientes resguardos y cabildos:

 

Oriente

Polindara, Jebala, Novirao, La María Piendamó, Paniquitá, Ambaló, Quizgó, Pitayó, Quichayá, Tumburao, Piscitau, Totoró, Guambia, Cabildo San Antonio – Morales.

Nororiente

Caldono, Pueblo Nuevo, Pioyá, Aguada – San Antonio, Las Mercedes, La Laguna Siberia.

Occidente

Chimborazo, Agua Negra, Honduras, La Bonanza Pomorroso.

Sur

Río Blanco, Pancitará, Guachicono, San Sebastián, Caquiona, Frontino, Moral, El Oso, Cabildo Urbanización Sierra, Cabildo Urbanización Popayán, San Juan, San Agustín, Palmar de Criollos, Cabildo Urbano Cali, Cabildo Urbano Armenia, Papayacta, El Peñon Sotará (reasentamiento), Santa Bárbara.

Norte

Toribío, Tacueyó, San Francisco, Delicias, Huellas – Caloto, Miranda, Jambaló, Corinto, Concepción, Canoas, Guadualito, Munchique Los Tigres, Toez (reasentamiento), Cabildo Urbano Santander, Pueblo Nuevo Ceral, Cabildo Alto Naya.

Centro

Coconuco, Puracé, Paletará, Poblazón, Quintana, Alto del Rey, Cabildo Urbanización Kokonuko, Santa Leticia – Juan Tama.

Tierradentro

Juan Tama

Santa Rosa, San Andrés, Yaquivá, La Gaitana, Tumbichucue, Calderas, Alto San Miguel, Turminá Inzá, La Estación Tálaga.

Nasa C´ha C´ha

Ricaurte, Togoima, Cohetando, Belalcázar, Avirama, Tálaga, Tóez, Vitoncó, Lame, Mosoco, Suin, Chinas, Huila, Patýu, Pickwe tha´fiw, Itaibe, Pic´Kue Ikh.

Costa Pacífica

Ozbesac

Playa Bendita, Belén de Iguana, Isla del Mono, Playita, Partidero, La Nueva Unión, San Isidro Bubuey, Almorzadero, Sierpe, Calle Santa Rosa, Nueva Bellavista, San Francisco La Vuelta.

Aciesca

San Miguel Infi, San Francisco Guangui, Peña Tigre, Agua Clarita, Angostura.

Bota Caucana

San José, Cascajo, San Carlos, Tandarido, Santa Marta, Mandiyaco, Guyuyaco, Rumiñawi, Ambihuasi, San José Inchiyaco, La Leona, San Antonio Fragua, San Rafael, San Gabriel.

 

Tierradentro

 

Es el territorio tradicional de los indígenas paéces, que forman el grupo étnico más numeroso del departamento de Cauca. Está ubicado al oriente del departamento en los municipios de Páez e Inzá, en el flanco oriental de la Cordillera Central.

 

A raíz del desastre natural de 1994, varias comunidades paéces tuvieron que abandonar su territorio para reubicarse en nuevas zonas. Fincas en los municipios de Caloto, Cajibío, el Tambo, Morales, Páez, Puracé, Piendamó y Sotará en el departamento de Cauca y Acevedo, Iquira, La Plata y La Argentina en el departamento de Huila.

 

Si bien este desplazamiento ha significado la desestabilización de las comunidades paéces de Tierradentro, también ha generado procesos de fortalecimiento cultural como estrategias para mantener la cohesión y la identidad como etnia y comunidad.

 

Para los paéces la tierra representa mucho más que un medio de producción. Es el principio de vida de la cual deriva su vitalidad y seguridad. Es la fuente que alimenta y le da sentido a su cotidiano vivir. Cada grupo, cada familia, cada Paéz lucha por la defensa del territorio y se caracterizan históricamente por su fortaleza en este sentido.

 

El tejido es un arte ejercido por las mujeres paéces. Está íntimamente ligado a la madre tierra, a la vida cotidiana y a las tareas domésticas. Los motivos con que decoran los tejidos son representaciones de seres espirituales relevantes en la cosmovisión Nasa: el rayo, el trueno, la culebra, etcétera.

 

Utilizando telares, agujas, husos y fibras como lana y cabuya fabrican prendas de uso cotidiano, como ruanas, capisayos, chumbes, cuetanderas y jigras. Con cabuya fabrican hermosas jigras o mochilas, que por el tipo de tejido con el que se fabrican –nudos elaborados manualmente– son sumamente elásticas.

 

El Thë Wala es poseedor de un amplio conocimiento médico que aplica para la curación de enfermedades humanas, para la protección de cultivos y animales. Utilizando plantas de diversas procedencias (encontradas en los páramos, en los bosques o traídas de tierras templadas y cálidas) limpia las rocerías y saca de ellas los espíritus que dañan los cultivos, limpia el territorio para la construcción de una nueva vivienda y las varas de los nuevos cabildantes.

Durante el ritual de limpieza, el Thë Wala, invocando el espíritu de las plantas, la coca y el tabaco, siente en diversas partes de su cuerpo “señas” o pulsaciones que le permiten saber la causa de las enfermedades o el origen de los problemas.

 

Para los paéces la ceremonia del cambio de varas, o de “voltear el sucio” representa la limpieza de la comunidad, para que los conflictos en su interior no afecten el conjunto de la sociedad. La ceremonia de “voltear el sucio” se divide en dos partes: la “limpia” y el “refrescamiento” de las varas. Algunas veces se efectúa en la laguna de Juan Tama, lugar sagrado ubicado en Tierradentro, en medio de los fríos páramos de la cordillera.

 

La “limpia” se inicia cuando el Thë Wala, mambeando coca y tomando aguardiente, invoca el espíritu trueno de Juan Tama. El mismo acto lo realizan también los cabildantes y las personas que asisten a la ceremonia.

 

El “refrescamiento” consiste en eliminar el calor y el sucio, e introducir el equilibrio térmico. Este trabajo lo realiza el Thë Wala metiendo las varas limpias en la laguna sagrada. Una vez terminada la ceremonia, el gobernador asume el control de la comunidad, convertido en la cabeza que guía.

 

En la historia paéz, Juan Tama, el hijo del trueno o de la estrella es un importante líder y cacique que defiende a su pueblo de los invasores, pijaos o guambianos, usando la “boleadora” y de los españoles a través de la ley: creando resguardos y delimitando el territorio paéz.

 

Juan Tama desaparece en la profundidad de una laguna del páramo, ahora sitio sagrado de los paéces, dejando como herencia un testamento político que defiende el territorio y la cultura paéz y evoca la sabiduría de los Thë Wala.

 

Los paéces mantienen su lengua el “Nasa Yuwe”, fundamental para su fortalecimiento cultural, de la misma manera conservan la chirimía como forma de expresión musical.

 

Macizo Colombiano

 

La región del Macizo Colombiano, comprende áreas en el suroccidente del departamento de Cauca, parte del suroccidente de Huila, el noroccidente de Caquetá y territorios del norte de Putumayo y de Nariño. Constituye el origen de las cordilleras Central y Oriental. El Macizo Colombiano recibe el calificativo de “Estrella Fluvial Colombiana” por tener allí su origen los ríos Magdalena, Ullucos y Bedón que corren hacia la cuenca del Mar Caribe, los ríos Cauca, Robles, Palacé, Piendamó, Patía, Quilcacé, Guachicono, San Jorge y Sambingo hacia la cuenca del Mar Pacífico y los ríos Caquetá, Cascabel y Mocoa que corren a la cuenca del río Amazonas.

 

El Macizo cuenta con una amplia diversidad étnica; habitan blancos, indígenas y mestizos que garantiza su diversidad cultural. Los indígenas yanaconas luchan por preservar su cultura y reclaman la ampliación de sus territorios para organizar su actividad agrícola, mientras que las comunidades de blancos y mestizos se han apropiado e identificado culturalmente como “gente del Macizo”, que incluye los campesinos y colonos que llegaron bajo diversas circunstancias.

 

La actividad agrícola está basada en productos como la papa y el maíz junto con productos de origen europeo como el trigo, la cebada, el café y la caña panelera.

 

En términos culturales hay semejanzas en cuanto a la actividad recreativa, deportes y fiestas de carácter religioso. Todas las comunidades asentadas en la zona tienen como eje principal de las festividades al Santo Patrono, al cual han dedicado el pueblo para su cuidado.

 

Los yanaconas probablemente son el producto de una endogénesis entre la población nativa del Macizo y la inmigrante del imperio Inca. Tienen una población superior a las 20.000 personas y están ubicados en 5 resguardos: Caquiona, Guachicono, Pancitará, San Sebastián y Río Blanco y organizados en ocho cabildos incluyendo los de las comunidades de El Moral, Frontino y El Oso.

 

En la tradición yanacona se busca el equilibrio entre lo frío y lo caliente, no solamente en su cuerpo y su casa, sino también en el paisaje que los rodea. Las áreas de vegetación primaria les proporcionan frío y las de uso agropecuario, calor. Si alguno entre los dos predomina, aparece la enfermedad. Actualmente están dejando crecer el bosque donde antes se llevó a cabo la reforma agraria.

 

Para los yanaconas existen tres mundos: el de arriba, este mundo y el de abajo.

 

“El mundo de arriba es como estar aquí, hay otra tierra, gente y paisajes lindos pero lo que no hay es agua, como si fuera seco el mundo”.

 

“El mundo de abajo es de los tápanos, seres sin ano que se alimentan del vapor de la comida. Son los dueños de los armadillos. En su mundo es de día cuando en el de los hombres es de noche”.

 

“Este mundo, el intermedio, es el de los hombres. Los sitios más solos son de los ancestros y los seres espirituales (cordilleras, cañadas, ríos, lagunas, páramos y peñas)”.

 

La música y la artesanía son dos expresiones culturales relevantes entre los yanacona. La música de viento y tamboras aún permanece, al igual que la tradición del tejido entre las mujeres, quienes producen para satisfacer las necesidades de la familia.

 

El municipio de Santa Rosa se ha denominado como la “Bota Caucana”. Tiene una extensión de 4.479 kilómetros, el más grande del departamento. Está dividido en tres zonas, alta, media y baja, de las cuales la primera es considerada parte del Macizo Colombiano.

 

Allí se encuentran colonos, campesinos nativos de la región e indígenas inganos. Cada uno de estos grupos, con maneras diferentes de interacción con el medio, establecen relaciones de intercambio y retroalimentación. Los indígenas ingas habitan los resguardos de San Antonio de Fragua y Guayuyaco. En la cultura Inga, el Taita o Curandero prepara una bebida natural llamada “yagé” que contiene el espíritu sanador de la planta y permite la curación del cuerpo y del espíritu.

 

El pacífico caucano

 

La selva húmeda del Pacífico es espectacular y única en el mundo. En ella existen miles de especies vegetales y animales, muchas aún desconocidas. Esta región ha sido habitada tradicionalmente por indígenas de la etnia embera.

 

Como resultado de la conquista y la colonización, fueron traídos del África cientos de esclavos negros para la explotación minera, el trabajo en las plantaciones y el servicio doméstico. Estas comunidades de negros descendientes de esclavos, indígenas y mestizos se han adaptado a los diferentes ambientes y circunstancias que les ofrece la naturaleza.

 

Los municipios de Guapi, Timbiquí, López de Micay, Argelia y El Tambo hacen parte de la región conocida como el Chocó biogeográfico. En esta zona del departamento están representadas todas las características socioeconómicas, biofísicas y culturales del Pacífico Colombiano.

 

Los eperara sia siadara y el grupo embera prefieren las regiones selváticas hacia las cabeceras de los ríos y se dedican a la agricultura, la recolección y la caza. Ésta ha sido su estrategia desde la conquista, para mantenerse protegidos y aislados geográfica y culturalmente. La talla en madera es una ocupación masculina tanto entre los indígenas como entre los negros del pacífico. Con madera se fabrican canoas y diferentes tipos de remos, largos para los hombres, medianos para las mujeres y otros pequeños usados para el entrenamiento de los niños.

 

Los negros y los indígenas comparten la tradición de tallar pequeñas canoas llamadas “Nidos de Niño” que elaboran los padres o abuelos para los bebés recién nacidos. Se fabrican también objetos de madera como herramientas, cajas, horquetas, adornos, platos, escaleras, cerbatanas, bateas, bastidores, cuchillos, entre otros. Con trozos de corteza de “Damajagua” se fabrican cobijas, esteras y “parumas”, un tipo de falda usada por las mujeres en la celebración de rituales.

 

Las palmas de chocolatillo, tetera, güerregue y amargo son, entre otras, materias primas para la elaboración de cestería.

 

Las comunidades eperara de los ríos Guanguí y Guapi elaboran su cestería con palma tetera que, después de haber sido procesada, raspada y lavada, se tiñe con tintes artificiales. La creciente demanda de estos productos ha causado deterioro en los sistemas de producción.

 

Para los embera, todo hombre tiene dos “Jai” (espíritu, alma), uno bueno y uno malo que subsisten después de la muerte fisiológica con dos destinos diferentes. El “Jai” bueno sube al cielo y el “Jai” malo permanece en la tierra. Los “Jai” malos de los muertos toman posesión de los vivos y causan enfermedades.

 

El jaibaná es el intermediario entre el individuo y los espíritus. Calma las fuerzas de los espíritus y cura las enfermedades. Para convertirse en jaibaná basta el aprendizaje, disponible para cualquiera que pague para ello. El jaibaná frota con bastones y figuras, da baños de hiervas o de sangre de animales diversos y extrae cuerpos extraños como espíritus, animales, flechas o cuchillos.

 

A lo largo de los ríos Micay, Timbiquí, Guapi, en medio de la selva y las persistentes lluvias se han desarrollado pequeños centros rurales como resultado del proceso de colonización llevado a cabo por las comunidades negras.

 

El sistema de “troncos” fue una forma de organización social generada como estrategia de las familias negras, una vez desintegrados los centros mineros y ser abolida la esclavitud.

 

En el imaginario de los negros del pacífico existen 3 mundos. El de aquí es el mundo de la conciencia, la historia y la leyenda donde todos deben observar normas éticas, ser leales a los demás y no sacar partido de otros. Acá están los hombres nacidos y por nacer y las ánimas que rondan y protegen.

 

El mundo de arriba es un mundo de designios y está lleno de poderes como el Panteón Africano, cuyas divinidades tuvieron que ser enmascaradas como los santos: San Antonio, San Pacho y la Virgen del Carmen (patrona de los pescadores). En este mundo están Dios, los angelitos y las ánimas de adultos que van al cielo.

 

El mundo de abajo es un submundo primitivo, a veces identificado con las regiones de monte y agua, de donde surgen los maleficios. En este mundo habitan las sirenas, las buenas viejas, los juanosos, el duende y la Madrediagua. De allí surgen también dones especiales que si son otorgados por alguien de arriba, no son censurables. En las aguas y los montes viven los espíritus indígenas que otorgan a los jaibanás y curanderos negros el poder de curar o hacer maleficios.

 

La cultura negra es rica en expresiones artísticas. La música, la danza y la tradición oral son formas de recrear la vida cotidiana, la historia y la tradición. Entre los ritmos funerarios, expresiones sobresalientes de la cultura negra, se destaca el “Chigualo”. Este ritual es realizado la noche del día en que muere un niño o “angelito”. Consiste en una serie de cantos, danzas y juegos para que el angelito no pene. Los niños son llevados al ritual para que jueguen con él.

 

Cuando el difunto es adulto se cantan “alabaos” a través de los cuales se expresa el duelo por la muerte de la persona y se recuerda su vida. Los alabaos se cantan el primero y el último día de la novena, en el que el difunto deja definitivamente este mundo.

 

Los guambianos habitan en los flancos de la Cordillera Oriental, al noreste del departamento. Es una región lluviosa y fría que se divide en tres zonas: baja, cálida (donde se produce maíz y trigo) y alta (donde se cultiva papa, cebolla, ulluco y ajo). Son agricultores. La tierra es el eje de su cultura y fuente primordial de subsistencia que debe ser respetada, cuidada y atendida. Así como la gente debe nutrirse y mantenerse, la tierra debe ser calentada, bailada y acompañada. Con el trabajo los guambianos le rinden tributo y cuidado a su tierra.

 

La comunidad guambiana habita en el Resguardo de Guambía, en el municipio de Silvia. La artesanía hace parte de su vida cotidiana. Las mujeres tejen anacos, ruanas, cobijas, alfombras y chumbes para el uso de la misma comunidad. Actualmente se han organizado mujeres y hombres artesanos que pretenden comercializar sus productos fuera del resguardo, en busca de nuevas fuentes de ingreso.

 

En los páramos se encuentran todos los lugares sagrados del pueblo guambiano. Desde la piedra de Mama Dominga hasta las lagunas Piendamó y Ñimbe, que según la tradición guambiana dieron origen a su primera generación.

 

Los guambianos hablan su propia lengua: “Wampi misamera wam” y visten su traje tradicional, características que a pesar de la emigración y la lejanía de su tierra ancestral, simbolizan su permanencia y cohesión como cultura.

 

Los indígenas coconucos se ubican en la zona centro oriental del departamento, en el municipio de Puracé, en los resguardos de Puracé, Coconuco y el recientemente conformado de Paletará. Su territorio se encuentra al margen derecho de la cuenca del río Cauca entre los 2.400 y los 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Hasta mediados del siglo pasado hablaban su propio idioma, del que hoy en día sólo quedan nombres de plantas, animales y topónimos.

 

Para los coconucos, todas las manifestaciones sociales y naturales tienen un grado de fuerza llamada “calor” o “espíritu”. De acuerdo con esto, las rocas, los animales, las plantas, los astros, los lugares y las enfermedades tienen la calidad de ser o estar calientes o fríos. Los problemas de salud son generados por el desequilibrio entre el frío y el calor y por este motivo los coconucos usan “frescas” para curar enfermedades “calientes”.

 

Las plantas “con mucho espíritu”, utilizadas por los médicos tradicionales para sentir, invocar espíritus, cerrar el cuerpo, sacar maleficios, vientos y aires, son calientes y con ellas se tratan enfermedades producidas por el frío. Estos mismos criterios son utilizados por los coconucos para clasificar la tierra. Las áreas “amansadas” son las más habitadas por el hombre, las viviendas, las huertas y los potreros. Éstas han perdido el carácter espiritual que sí tienen las montañas, bosques y páramos.

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