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SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Arqueología - CUNDINAMARCA

“Los primeros hombres que llegaron a América del Sur, sin duda pasaron inicialmente por suelo colombiano, debido a la situación geográfica del país en el continente. Sin embargo, los datos arqueológicos acerca de esta etapa aún son muy deficientes. La escasez de investigaciones sistemáticas y, ante todo, de resultados significativos y comprobados, hacen muy difícil obtener una visión histórica de los grupos humanos más antiguos del país. Es obvio que la gran variedad geográfica de Colombia haya constituido siempre un escenario muy estimulante durante el milenario proceso de la evolución de las sociedades indígenas, y es por esta razón por la que, no obstante la actual escasez de datos, existen pruebas que afirman la existencia de los primeros moradores de Colombia y de Cundinamarca.

 

Así, en las últimas décadas se han efectuado algunas investigaciones cuyos resultados constituyen un avance muy notable en el campo de la arqueología cundinamarquesa. En la región de El Abra, cerca de Zipaquirá, se excavaron varios abrigos rocosos que contenían una larga secuencia estratigráfica de artefactos humanos, restos faunísticos, polen fósil y otros indicios de cambios climáticos. El Abra, localizado a 2.570 metros sobre el nivel del mar, en un antiguo cañón abierto entre areniscas del cretáceo superior, que en fechas posteriores se llenó de sedimentos lacustres pleistocenos. La Sabana de Bogotá había sido un gran lago que se drenó hace unos 40.000 o 30.000 años. Al pie de las paredes del cañón de El Abra, la acción de las aguas había formado cavidades y cornisas de rocas sobresalientes, y estos abrigos sirvieron a los antiguos indios como lugares de vivienda.

 

En el sitio de El Abra, el estrato más reciente contenía cerámica muisca y evidencia de agricultura testimoniada por el polen de maíz. A continuación se observaron varios estratos depositados durante el holoceno tardío y medio, que contenía artefactos ilíticos, huesos de animales de presa y restos de fogones. La primera ocupación humana, representada por 17 lascas, correspondió a un clima relativamente templado y húmedo, cuando la región estaba cubierta de bosques; este estrato fue fechado en 10.450 a.C., es decir, correspondiente aún a la época tardiglacial. El material ilitico de El Abra procede de estos estratos y consiste principalmente de lascas unifaciales hechas por percusión y no muy diferenciadas.

 

Otro sitio importante, arqueológicamente hablando, de Cundinamarca es el que fue descubierto hace poco cerca del Salto de Tequendama. Se trata de varios abrigos bajo rocas sobresalientes, que habían sido ocupados durante los finales del pleistoceno y los comienzos del holoceno por grupos de cazadores y recolectores. Nuevamente se observó aquí un conjunto de lascas talladas a percusión, así como de diferentes golpeadores poco diferenciados. Fuera de los artefactos ilíticos se hallaron muchos utensilios de hueso y de cuerno, ante todo en forma de perforadores; se ha sugerido que algunas astillas de hueso podrían haber sido utilizadas como puntas de proyectil. Acerca del modo general de subsistencia, no cabe duda de que se trata, esencialmente de cazadores y recolectores que perseguían una fauna de venados, pequeños roedores y armadillos.” (Gerardo Reichel Dolmatoff; Colombia indígena, periodo prehispánico).

 

Asentamientos indígenas

 

“Hace 3.000 años, en la época precolombina, las culturas aborígenes poblaron el actual departamento de Cundinamarca. Muiscas, panches, colimas, sutagaos y un pequeño sector de los muzos iniciaron su proceso de desarrollo basado en la explotación y el comercio de la sal.” (Planeta, Nueva historia de Colombia).

 

Territorio

 

“Antes de la llegada del fundador Gonzalo Jiménez de Quesada en 1538, Bogotá estaba habitada por las culturas chibcha y muisca, quienes tenían como principal personaje de su tribu al Zipa, que era casi un dios. La ubicación chibcha se extendía por Bogotá, Tunja, Iracá, Tundama y Guanetá; con una población de 2.300.000 habitantes que dominaban los alrededores de Fusagasuga, hacia los 4 grados de latitud norte y llegaban hasta las comarcas de los guanes, en los contornos de la actual San Gil. La extensión del territorio chibcha se calcula en 30 mil kilómetros cuadrados. La Sabana de Bogotá con sus 150 mil hectáreas fue el asiento de la más poderosa de las organizaciones chibchas”.

 

El núcleo poblacional de los indígenas muiscas se desarrolló en gran parte en la región Andina Central del territorio colombiano. Aquellos grupos ocuparon las planicies de la cordillera Oriental dentro de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca. Los asentamientos más importantes se encuentran en Bogotá, Zipaquirá, Nemocón, Sogamoso, Duitama y Chiquinquirá. El territorio muisca está ubicado entre 2.500 y 2.600 metros sobre el nivel del mar. Su relieve es medianamente accidentado, donde sobresalen los cerros de Guadalupe, Monserrate, y en donde existe una gran zona de páramos como los de Sumapaz, Pisba, Chontales entre otros. Su capacidad hidrográfica es importante pues se cuenta con los ríos Bogotá, Suárez, Moniquirá, Garagoa, Seco, Negro y Sumapaz. Las lagunas como Fúquene, Guatavita, Suesca, Iguaque, Chingaza y Tota, tuvieron una gran importancia dentro de su cosmogonía.

 

La flora de este territorio se destaca por la existencia de nogales, fiques, cerezos, robles, guayacanes. La fauna es variada y existen evidencias que en esa zona vivieron venados, osos, zorros, borugos, tigrillos, armadillos, patos, papagayos y peces como el capitán y la guapucha.

 

En Cundinamarca habitó otro grupo etnolingüístico, el Caribe. Este grupo ocupó el flanco oriental de la cordillera Oriental hasta las márgenes del río Magdalena; a este grupo pertenecían los panches, calimas y muzos. Estos últimos ocuparon las orillas del río Negro o Minero.

 

Los panches se hallaban en el costado occidental de la cordillera Oriental, desde el río Bogotá hasta las inmediaciones del río Negro, donde se encontraban los calimas; ocuparon los valles y la región donde hoy está Villeta y se extendieron hasta el río Magdalena. Los panches abarcaban un territorio de aproximadamente 1.500 kilómetros cuadrados, con una población aproximada de 50.000 indígenas.

 

La cultura calima tuvo su asentamiento en el área conocida con este mismo nombre, del cual ha tomado su denominación, por carecerse de un dato preciso respecto del verdadero, del original que llevaban los nativos. Simplemente se ha tomado, para designarle el que tiene la región en donde se desarrolló, proliferó y desapareció.

 

Es un nombre prestado como ha ocurrido en otros casos como San Agustín. Y a falta de mejor información al respecto, se seguirá llamando calima. De todas maneras, la zona está ubicada en el departamento del Valle del Cauca y en vecindades de la cultura quimbaya, al norte. El centro de la cultura calima parece estar situada en los municipios de Restrepo y Darién.

 

Etapas de formación

 

Muiscas

El pueblo muisca pertenece a la familia lingüística chibcha, la más avanzada y desarrollada del territorio que hoy es Colombia. Los muiscas ocuparon los valles fértiles de los ríos Funza, Bogotá, Blanco y la cabecera del río Suárez hasta la laguna de Fúquene. Las condiciones climáticas de estas tierras les permitieron desarrollar la actividad agrícola, basada en cultivos de maíz, papa, cubios, habas, propios del piso térmico frío. Los muiscas fueron magníficos orfebres y tejedores. Precisamente por ello, por practicar la agricultura y la orfebrería, fueron catalogados como sociedades agro-alfareras.

 

Otros grupos indígenas

“Otro grupo etnolingüístico, el caribe, habitó el territorio cundinamarqués y ocupó el flanco oriental de la cordillera Oriental hasta las márgenes del río Magdalena; a este grupo pertenecían los panches, calimas y muzos, comunidades de cazadores que se caracterizaban por su actividad guerrera, no sólo contra los muiscas, a los que se asediaban continuamente, invadiéndoles sus límites, sino posteriormente frente a los españoles. No obstante las hostilidades entre ambos grupos indígenas, se mantuvo un activo intercambio comercial de algodón y de oro en bruto, por mantas, sal y objetos elaborados en oro” (Nueva Historia de Colombia, Ed. Planeta).

 

Además, “los panches establecieron sistemas de mercadeo o trueque; así recibían por parte de los hondas pescado a cambio de legumbres. Su centro comercial más importante fue el caserío de Calambata”.

 

Sociedad

 

Muiscas

“Los muiscas habitaron el altiplano cundiboyacense, sobre las fértiles sabanas de Zipaquirá, Nemocón, Ubaté, Chiquinquirá y Sogamoso. Su economía, basada en la agricultura, se desarrolló óptimamente gracias al aprovechamiento de las laderas y a sus sistemas de cultivo, canales de sague y riego. Su producción de mantas, cerámicas y artesanías fue abundante, lo que les permitió destinar el excedente al comercio de la sal, las esmeraldas y la tributación.

 

Su Estado fue gobernado por poderosos caciques llamados el Zipa y el Zaque, secundados por otros de menor jerarquía: los usaques, especie de consejeros; los sacerdotes, los guerreros y el pueblo compuesto por agricultores, alfareros, orfebres, tejedores y comerciantes.

 

Los alfareros elaboraban la cerámica para uso ritual y ofrendatario, además de enormes vasijas para procesar la sal, ollas, jarras y cuencos de uso doméstico. Sobresale la cerámica de tipo ceremonial, adornada con figuras zoomorfas como la rana, la serpiente, y figuras antropomorfas que quizás representaban a los caciques.”

 

Organización social

 

  1. Zipa
  2. Sacerdotes
  3. Guerreros
  4. Comerciantes
  5. Artesanos
  6. Esclavos.

Matrimonio, familia y sucesión

Los hombres eran polígamos; el Zipa podía llegar a tener hasta 300 esposas, el adulterio era castigado con la muerte y a las mujeres adúlteras se les sometía a duros castigos.

 

Entre chibchas y muiscas prevaleció la línea matrilineal para la sucesión de los jerarcas; el heredero del cacique tenía que ser el hijo de una hermana suya. Para los chibchas la virginidad era vista como una carencia de valor y respetabilidad. Las mujeres vírgenes eran vistas como impuras; para la sucesión del heredero se estableció el código de Nemequene, que consistía en que los sucesores naturales eran los primeros beneficiarios de los bienes del cacique; al mismo tiempo este código establecía normas protocolarias muy rígidas”.

 

Los primeros españoles en llegar al valle encontraron en el lugar una clase de indígenas muy particular: los panches, también llamados paimas. Eran indígenas descendientes de los caribes, fueron de los más temibles que tuvieron que enfrentar los españoles. Los panches tenían como dioses al sol, la luna y el arco iris; sus actividades principales eran la agricultura y la cerámica; los principales caciques panches en el valle fueron: Guacana, Machuca, Chipauta y Tibaima; los panches dejaron grabados de ficalito en la Piedra Capira, que se encuentra en las inmediaciones del municipio. Los panches, calimas y muzos eran sociedades guerreras de cazadores”. Fragmento “Roca de Sasaima”, Cundinamarca. (subrayas no textuales).

 

Cultura material - Muiscas

 

Textilera

Desde antes de la llegada de los españoles, la zona Andina ha sido rica en producción textil artesanal. Los muiscas desarrollaron una avanzada industria de tejido de mantas de algodón, hiladas en huso y tejidas en telares de madera, labradas y pintadas con variados colores.

 

Esta industria fue de gran significado en los altiplanos de Cundinamarca y Boyacá. El cronista Fray Pedro Simón refiere que los muiscas usaban mantas coloradas en señal de luto. Utilizaban mantas de diversos colores y ricamente decoradas; con los textiles envolvían los cadáveres de sus antepasados en mantas de algodón. En ellas pintaron una gran variedad de motivos geométricos de carácter simbólico.

 

Según las investigaciones realizadas, las coberturas de las momias eran telas de algodón, mallas de fique y pieles de animales. La industria del tejido jugaba un rol importante en su organización, pues todos los acontecimientos de la vida los festejaban con regalos de mantas. Para decorarlas utilizaron los colorantes de origen vegetal, animal y mineral, o especie de barro a base de tierras de colores.

 

Alfarería y cerámica

La alfarería se desarrolla en lugares cercanos a las fuentes saladas para hacer las gachas o moyos en que se compactaban los panes de sal. Los grandes talleres de cerámica artística estuvieron en los pueblos vecinos a Tocancipá, Gachancipá, Cogua, Guatavita, Guasca y Ráquira, cuyas arcillas especiales ofrecían materia prima adecuada para estas labores. Los alfareros chibchas llenaban otras necesidades, tales como husos y torteros de hilandería, rodillos labrados para impresión de relieves, bruñidores, crisoles y matrices de fundición, ocarinas y otros instrumentos musicales.

 

Orfebrería

Los muiscas fueron grandes orfebres; fabricaban figurillas y objetos de adorno, como diademas, collares, narigueras, pulseras, pectorales, máscaras y los denominados tunjos, decorados con hilos de oro y, en general, figuras antropomorfas y zoomorfas planas. Los muiscas obtenían el oro por intercambio con las tribus vecinas. Intercambiaban esmeraldas, mantas y algodón por oro. Creaban aleaciones a partir de cobre y oro nativo que obtenían en los aluviones, teniendo como resultado objetos en tumbaga.

 

La producción de mantas, cerámicas y artesanías fue abundante, lo que les permitió destinar el excedente al comercio de la sal, las esmeraldas y la tributación. También elaboraban la cerámica para uso ritual y ofrendatario, además de enormes vasijas para procesar la sal, ollas, jarras y cuencos de uso doméstico.

 

Sobresalen la cerámica de tipo ceremonial, adornada con figuras zoomorfas como la rana, la serpiente, y figuras antropomorfas que quizás representaban a los caciques.

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