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SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Arqueología - HUILA

Uno de los descubrimientos arqueológicos importantes del departamento son los vestigios de una cultura prehistórica en Santa Ana, Municipio de Colombia.

 

En las tierras ribereñas del Cabrera encontramos bosques húmedos y también zonas increíblemente fértiles que avanzan hasta 2 Km hacia las ramificaciones de la cordillera oriental.

Estas ramificaciones, intensamente rocosas y de escasa vegetación tienen una temperatura promedio de 16 grados centígrados y están a una altura de 1500 mts. sobre el nivel del mar. Numerosísimos riachuelos de aguas color melado bajan de la cordillera por ambos márgenes para desembocar en el río Cabrera.

 

Ésta zona, aireada por las brisas suaves del Cabrera y en algunas épocas por las brisas fuertes del Páramo de Sumapaz, está ubicada en el extremo norte del departamento del Huila, enmarcada por el occidente con el Tolima, por el oriente con los Llanos orientales y el por norte con Cundinamarca.

 

El poblado Santa Ana está ubicado a unos 20 Km de la zona arqueológica del primer entierro (a unos 165 Km de Neiva, capital del departamento) en la orilla izquierda del río Cabrera, entre la quebrada de la Danta y la quebrada de la Gritería.

 

El sector donde se encuentran los vestigios prehispánicos abarca una extensión lineal de 10 Km a lo largo de una secuencia de mesetas donde tuvieron asentamiento tribus primitivas. Probablemente estos asentamientos se realizaron en una época tardía y desaparecieron durante la conquista o colonia.

 

Ha sido persistente la idea de que estas tribus se establecieron aquí buscando su supervivencia escapando de algún tipo de persecución por parte de otras tribus guerreras o más probablemente por parte de los españoles en la época de la conquista. Algunas tribus de la sabana de Bogotá pudieron replegarse hacia el Páramo de Sumapaz y luego descender por las márgenes del río Cabrera hasta encontrar un hábitat favorable que les permitiera algún tipo de estabilidad.

 

La edad de esta cultura, que se ha denominado Salamanca data aproximadamente del 500 DC hasta el periodo temprano de la conquista. La fecha se infirió por la presencia de soportes tetrápodes de forma mamiforme y la forma de dos vasijas de cerámica vidriada procedentes de la zona. Hasta ahora no ha sido posible subdividir la fase Salamanca, no obstante su duración de unos 1200 años.

Sociedad

Probablemente, el grupo que pobló este territorio del valle de Cabrera fue chibcha ya que hay una estrecha relación entre los objetos prehispánicos de la cultura encontrada en Santa Ana y aquellos de los grupos indígenas de la zona de la capital del país, especialmente en lo que se refiere a forma, pintura y grabado.

 

Se sabe de su existencia gracias a evidencias materiales obtenidas por la guaquería y algunos rescates arqueológicos procedentes del norte del municipio de Colombia. Las noticias de los cronistas de la conquista, cuentan que los totoyoes y los doches poblaron las márgenes del río Tocayó (hoy río Cabrera). Si se observan detalladamente las esculturas antropomorfas de Santana entendemos que se trata del espíritu de sus muertos que rodea las tumbas y que está caracterizado por la rigidez del cuerpo y las manos y los ojos cerrados.

 

Son numerosos los cementerios prehistóricos que se han hallado y se siguen hallando en la zona. El más antiguo se encontró hace unos 30 años en la vereda que hoy se denomina San Rafael y es el más rico en diversidad de objetos de oro, cerámica y estatuaria. La riqueza de este entierro, su gran extensión y la ubicación central dentro de la región arqueológica ya descrita, sugieren que allí estableció su morada la familia principal de la tribu, posiblemente la que ostentaba el poder económico y de gobierno, pues las condiciones geográficas del paraje constituyen un hábitat favorable y privilegiado para quien hubiese sido en aquellos tiempos el cacique.

 

Entre los objetos de orfebrería más significativos del hallazgo, podemos observar tominejos, grillos, barras poligonales, cruces, narigueras grandes y pequeñas, y algo muy característico: la rana, objeto común entre los chibchas. Cabe anotar aquí, que en éste como en otros cementerios es frecuente hallar objetos hechos en tumbaga, una aleación de oro y cobre. Se piensa que el oro era obtenido por intercambio ya que en esta zona no se encuentra tal material.

 

En 1968, se hallaron numerosas cerámicas tales como ollas, torteros, objetos decorativos y varias estatuas enterradas a unos 30 cm de profundidad. Estas ollas bastantes rústicas, sin muchas decoraciones y sin ribetes, la mayoría poco consistentes, estaban fabricadas en pizarra, roca muy común en la ribera del río Cabrera, otras, un poco más duras fueron elaboradas con arena y piedra molida. La decoración se caracteriza por su sencillez, se encuentran objetos punteados con punta triangular, objetos pintados con negro sobre natural y negro sobre baño blanco. Existe una vasija, con baño rojo y pintura superpuesta blanca y negra, tanto por su forma como por su decoración, es una pieza única en el alto Cabrera.

 

“La forma de vasija más común es la olla con cuello”, informa Thomas Myers. Dentro de esta categoría se pueden distinguir varios subtipos. Otra forma importante es la olla con borde ligeramente levantado o invertido y ollas con cara. Son bastantes raros los cuencos de cualquier forma, pero existen cuencos cerrados con silueta compuesta. Una forma típica que se encuentra es el cuenco doble, las dos partes unidas con una asa en forma de anillo.

 

Las estatuas, talladas en lajas de piedra arsénica, provienen de cementerios así como las ollas con soportes mamiformes. Los enigmáticos símbolos que tallaron (petroglifos) son el reflejo de un lenguaje y de una cultura que no puede considerarse tan desarrollada como aquella de San Agustín o Tierradentro. Son simplemente lajas crudas, talladas en bajo relieve para indicar las características principales de los ojos, la nariz, las piernas, bigotes y de vez en cuando el sexo. Muestran pocas semejanzas a las esculturas de piedras conocidas en otras regiones de Colombia aunque hay algunos detalles comunes con las estatuas del Putumayo.

Petroglifos del Huila

Estos signos proponen un sentido y un lenguaje chamánico que se plasma no en palabras escritas, sino en símbolos producidos en estado alterado de la conciencia. Las manifestaciones de arte petrográfico, que a lo largo del departamento se encuentran cerca de fuentes de agua o cauces hoy desaparecidos, se ha convertido en un instrumento de trabajo para la investigación arqueológica y método de análisis y referencia para entender las relaciones entre el hombre, el medio y la cultura a partir de representaciones simbólicas y asociaciones entre la cosmovisión interior y exterior.

 

Las visiones Chamánicas, constituyen un estrecho vinculo de comunicación entre el Chamán y los elementos de la naturaleza, para posteriormente servir de puente de conocimiento y curación entre el Chamán y la comunidad. Esta comunicación es explicable a partir de sus cantos y mitos, en los que juega un papel fundamental la tradición oral que mantiene a la comunidad unida entorno al vuelo chamánico y que se expresa a través de la pintura.

 

En términos arqueológicos esta simbología petrográfica no obedece a un gusto simplemente estético sino que, cómo el arte, obedece a la necesidad del hombre de comunicarse y establecer vínculos con otras fronteras del conocimiento plasmando representaciones simbólicas para finalmente fijar sus territorio y expresar su cultura.

 

Algunas zonas donde se hayan petroglifos en el Huila son:

 

-Hacienda Doches, municipio de Villavieja, límite con el Tolima

-Hacienda Providencia y Piedra Pintada, Aipe

-Sitio Callejón, en la vereda El Tambillo

-Veredas Camenzo y Cascajal, Timaná

-Piedra de Tijiñá, Acevedo

-Estrecho del Magdalena, San Agustín

-Paso del Colegio, Gigante

-La Jagua, Garzón

-Los municipios de Agrado, Suaza, Saladoblanco y Pitalito.

Cultura San Agustín

 

Territorio

Localizada en las estribaciones del Macizo Andino al sur del departamento del Huila, la región está conformada por suaves colinas onduladas limitadas por los profundos cañones del río Magdalena, el Sombrerillos, el Naranjos y otros más.

 

Esta misma región fue habitada hace muchos siglos por una larga sucesión de grupos culturales los cuales dejaron como testimonio un sinnúmero de vestigios arqueológicos. Los principales se encuentran dispersos en un área de más de 500 km2 sobre amplias mesetas localizadas a lado y lado del cañón formado por el alto Río Magdalena correspondientes a los municipios de San Agustín y San José de Isnos. Esta región presenta un clima templado-frío (18° C), está ubicada a 1730 m.s.n.m. y tiene un suelo de tipo sub-andino. Se cultiva el café, el plátano, la yuca e innumerables variedades de frutales y árboles ornamentales, orquídeas, sietecueros, etc. Se localiza a 565 kilómetros al sur de Bogotá y a 253 kilómetros de Nieva.

 

Las primeras noticias de estos vestigios se remontan al año 1758 cuando Fray Juan de Santa Gertrudis visitó el lugar, pero solo hasta 1913 fueron investigados científicamente por el arqueólogo alemán K. Th. Preuss. Desde entonces han sido objeto permanente de investigación destacándose los trabajos de José Pérez de Barradas en 1936, Gerardo Reichel Dolmatof en 1966 y Luis Duque Gómez desde 1943 hasta hoy. El investigador Luis Duque Gómez afirma que este lugar fue sitio sagrado, un centro con un amplio radio de acción a donde acudían gentes desde lejanas tierras para enterrar a sus muertos y rendir culto a sus divinidades.

 

Etapa de formación

Los indígenas de la zona tuvieron buen conocimiento de la alfarería y la utilizaron para la elaboración de vasos y figurines de diversos acabados, forma y tamaños. A su vez hay evidencias de una metalurgia incipiente.

 

Podemos afirmar que la economía tuvo una base agrícola. En las excavaciones se han encontrado desperdicios de maíz y de maní, junto con metales y mazos para moler. Parece que existió un comercio de trueque con los pueblos vecinos y se construyeron caminos que serpentean por las lomas y bajan en zig-zag por las empinadas pendientes. El pueblo que habitó esta región y que dejó tan impresionantes vestigios tiene una historia bastante compleja, pues hay muchos datos que aún se ignoran. Sabemos por análisis del C. 14 que en el siglo VI A.C. ya existía un asentamiento humano de considerable magnitud y que desde entonces se dieron varias fases culturales con características diferentes, resultado de un activo proceso de cambio cultural.

 

Sociedad

Poco puede decirse acerca de la organización social del pueblo de escultores. Se supone que como en otros pueblos precolombinos, el liderazgo civil estuvo ligado al liderazgo espiritual y religioso, dándose ciertas jerarquías y clases sociales, se supone también que la familia fue la base de la sociedad.

 

Cultura Material

Los productos más significativos y más numerosos de esta cultura son estatuas talladas en piedra, templetes formados por dólmenes o corredores cubiertos emplazados entre montículos artificiales, en los que fueron veneradas la mayoría de las estatuas y tumbas constituidas por rectángulos planos de piedras que en algunos casos encierran sarcófagos monolíticos. Sus características temáticas, formas y simbolismos se relacionan con rituales funerarios.

 

Las esculturas fueron hechas en piedras volcánicas que se encuentran en el subsuelo y a veces afloran a la superficie. Aún nadie ha podido descifrar a ciencia cierta lo que significan; algunas revisten apariencia humana, animal o las dos combinadas. Diversos estudios arqueológicos han establecido paralelos con culturas similares de las islas Pascual en el Pacífico, pero la mayoría de expertos coinciden en relacionarlas con las culturas mesoamericanas de México, Guatemala y andinas como las de Perú y Bolivia. En algunos casos, las tallas se realizaron In Situ, como las ranas de Matanzas y de Lavapatas, la diosa de la Chaquira y la Fuente de Lavapatas, pero muchos de los grandes monolitos con un tamaño que fluctúa entre 1,20 mts y 4,25 mts de altura han sido trasladados de un lugar a otro por investigadores y guaqueros apoyándolos en troncos y sogas de fique.

 

Estas estatuarias observan cuatro estilos principales:

 

-Naturalista: donde el tema representado son formas naturales sin alterar sus características básicas. Este grupo aparece como uno de los más tempranos en San Agustín quizás contemporáneo con el estilo arcaico.

-Arcaico: designación propia para todas las piedras burdamente trabajadas.

-Expresionista: formas tridimensionales más elaboradas generalmente asociadas con el tema del jaguar, el símbolo de la fuerza vital.

-Abstracto: temas fantásticos de similar calidad escultórica a las tallas expresionistas.

Sitios Arqueológicos

El Bosque de las Estatuas

A la entrada del parque arqueológico de San Agustín se encuentra la colección principal de 35 estatuas monolíticas en el Bosque de la Estatuas, dentro de ellas la figura de un varón con cabeza de mono en el tocado.

 

Mesitas

Las mesitas son antiguos sitios de habitación en los cuales se practicaron grandes movimientos de tierra, taludes y rellenos para lograr las grandes explanadas artificiales que las conforman.

 

Mesita “A”

Se encuentran dos montículos y algunas estatuas. Su figura central, de estilo expresionista, presenta un fino acabado escultórico, logrando un impresionante realismo.

 

Mesita “B”

Se hallan tres montículos y algunas figuras destacándose la llamada comúnmente “el obispo”, de más de 4 mts de longitud y con figuras humanas talladas en cada extremo. El montículo Nor-Oeste es quizás el más grande de la región. El templete orientado al Este es precedido por una serpiente en sus garras, la figura central sostiene en sus manos algo que parece ser un trofeo de guerra y dos guerreros armados a sus lados parecen resguardar la entrada. Detrás del templete, varios sepulcros revestidos de lajas de piedra albergaban los cuerpos de personajes importantes del antiguo pueblo de escultores En el montículo sur, dos enormes cariátides, figuras abstractas de impresionantes acabados, resguardan un túnel en forma de dólmen donde se encuentra una figura femenina que sostiene un niño entre sus manos.

 

Mesita “C”

Es la última de las mesitas; allí no se encontraron templetes pero sí una serie de estatuas de fino acabado, asociadas con tumbas recubiertas de lajas de piedra.

 

Fuente de Lavapatas

Tras descender por entre un hermoso guadual donde se halla, tallada “in situ”, la figura majestuosa de una rana, se alcanza el lecho rocoso de la quebrada de Lavapatas, donde se encuentra quizás la más grandiosa obra escultórica de los agustinianos: la Fuente Ceremonial de Lavapatas.

 

Se trata de un complejo laberinto de canales y piletas, adornado con representaciones de serpientes, lagartos, salamandras, caras y figuras humanas. El agua, en sus pasos, saltos y remansos, imparte al conjunto una dinámica, un movimiento sin precedentes en la escultura agustiniana; es una evidencia del alto grado de control alcanzado en el uso de los materiales, en este caso, el agua y la piedra combinados. Todo indica que se trató de un lugar sagrado, dedicado probablemente a ceremonias religiosas y baños rituales. Se pueden observar tres piletas con diferentes grados de elaboración, que según Duque Gómez, parecen corresponder a una determinada jerarquía social, quizás la pila más elaborada para los jefes y sacerdotes, la intermedia para personas importantes y la más sencilla para el pueblo.

 

Alto de Lavapatas

En lo alto de esta colina se hallaron los vestigios arqueológico más antiguos fechados hasta el momento, revelando una edad de 26 siglos. Actualmente pueden observarse varias tumbas, una de ellas, donde parece que existió un cementerio de niños, resguardada por una gran estatua con el tema del “doble yo”. La talla del “doble yo”, es probablemente una referencia a las danzas de enmascarados, muy comunes entre los pueblos indígenas de América, donde se acostumbraba a vestirse con la piel de algún animal para las ceremonias rituales.

Otros sitios arqueológicos

Alto de los Ídolos, Alto de las Piedras, La Chaquira, Quebradillas, El Cerro de la Pelota, El Tablón, El Jabón, El Mortiño, Quinchana, La Parada, Naranjos y Lavaderos. En ellos se han hallado vestigios de asentamiento humano, por los basureros hallados en le explanada con forma de herradura. Así mismo en estos últimos sitios se halla una variada estatuaria antropomorfa y zoomorfa, las piedras grabadas y pintadas, todo ello relacionado con los sitios de antiguas viviendas y cementerios.

 

Se destacan también el acabado y la perfección en la talla, los templetes dolménicos en forma de túnel, cámaras funerarias con elaborados sarcófagos de piedra, tumbas recubiertas con lajas de piedras y decoradas con motivos geométricos en rojo, negro y amarillo.

Investigaciones

Los primeros en aproximarse a esta región fueron los ejércitos comandados por Francisco García Tovar, subalterno de Belalcázar, en busca de El Dorado. Estos conquistadores no dejaron ningún testimonio escrito del hallazgo y se limitaron a darle el nombre de Nuevo México. La segunda visita a esta región fue practicada por el fraile mallorquín Fray Juan de Santa Gertrudis, hacia el año 1756, y 20 años más tarde consignó el hallazgo en el libro llamado “Maravillas de la Naturaleza” descubierto tan sólo en el año 1956 y editado por la Biblioteca de la Presidencia de la República, por ser el primer escrito sobre estos yacimientos arqueológico.

 

En el año 1797 Francisco José de Caldas, importante científico neogranadino, llegó a describir varias de las estatuas que hoy se conservan en las mesitas A y B del Parque Arqueológico. Sus apuntes fueron publicados en el Seminario del Nuevo Reino de Granada en el año 1808. Estas exploraciones y algunas que las sucedieron destruyeron algunos “Templetes o Adoratorios” dejando pinturas que datan de 1829. Caldas hizo el primer llamado de atención sobre la importancia histórica del Arte Monumental.

 

El Geógrafo Agustín Codazzi, hizo parte de la comisión corográfica encargada de levantar los planos y mapas del país. En el año de 1857 visitó la región sur del Huila dejando un trabajo de exploración, reconstrucción hipotética y localización cartográfica de las ruinas. Además, propuso una interpretación de la estatuaria como representación religiosa de la civilización indígena que la talló.

 

El primer colombiano que intentó hacer una interpretación de la Cultura de San Agustín fue el General Carlos Cuervo Marquez, en 1892.

 

En el siglo XX se inician las expediciones con carácter más científico. El alemán Konrad Th. Preuss, visita en los años 1913 y 1914 la zona y escribe la obra “Arte Monumental Prehistorico” elaborando planos de las estatuas descubiertas, algunas de las cuales se conservan en Berlín. Con su obra adquirió importancia en los círculos científicos americanistas y europeos, por haber desarrollado un arte escultórico que dio más importancia a su pensamiento religioso que al político y social.

 

Entre los años 1936-1937 el Gobierno Nacional patrocina la primera expedición oficial dirigida por el Arqueólogo español José Pérez de Barradas, con la asesoría del investigador colombiano Gregorio Hernández de Alba. En su obra, titulada “Arqueología Agustiniana”, se encuentra el primer análisis clasificatorio de la cerámica; además, el hallazgo y excavación de la fuente ceremonial de Lavapatas.

 

En 1966 Gerardo y Alicia Reichel Dolmatoff, realizaron estudios técnicos en basureros localizados en el Parque Arqueológico, en el Alto de los Ídolos y en el Cerro de la Horqueta. Fueron publicados bajo el título “Contribuciones al Conocimiento de la Estratigrafía-cerámica de San Agustín (1975)”.

 

En la década de los 70 las investigaciones estuvieron a cargo de Luis Duque Gómez y Julio Cesar Cubillos, arqueólogos que se dedicaron a la reconstrucción de montículos y templetes funerarios en el Alto de los Ídolos y las Mesitas A y B.

 

En los años 80 la Universidad Nacional de Colombia realiza un programa con objetivos concretos sobre la arqueología del Valle Alto del río Magdalena, bajo la orientación del investigador Hector Llanos Vargas, en el cual se hace énfasis en una arqueología de asentamientos con enfoque etnohistórico.

 

En la década de los 90, con la orientación del investigador Jorge Armando Ruiz Ulloa y el apoyo del Instituto Huilense de Cultura, se encontró un conjunto de tumbas pertenecientes al proceso histórico de San Agustín, ubicadas en la inspección de Obando, municipio de San Agustín. Este trabajo se realizó con la participación de la comunidad, buscando así, la preservación colectiva del patrimonio arqueológico de la región.

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