Ir al Inicio
SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

Si usted considera que la información suministrada a través de este servicio puede ser mejorada, complementada o actualizada por otras fuentes, por favor háganlo saber Contactándonos haciendo click. Aquí

Colombia Cultural

Vestuario - RISARALDA

Según Alberto Cardona López, investigador sobre las características, usos y sentidos del traje folclórico paisa) “(...) El pueblo risaraldense está conformado por numerosas culturas que al entrar en contacto dieron un híbrido con unos tipismos muy propios de esta región; confluyeron pueblos con economía, sociedad y cultura muy diversas, entre los que podemos contar con: caucanos, santandereanos, antioqueños, la población negra que se asentó en la región (huyendo de la esclavitud), y la poca población indígena que subsistió después de conquista de estos territorios.

 

La mujer risaraldense es, fisiológicamente hablando, mesoendomorfa, es decir, de formas corpóreas redondas, caderonas y de senos grandes, redondos y en su puesto, formas que están íntimamente relacionadas con la imagen típica del cuerpo materno.

 

El hombre por su parte es musculoso, nervudo, de estatura media y mal hablado, enmarcándose dentro de una fisonomía mesoectomorfa. Se puede destacar en el hombre de ésta región es boquisucio, jugador y mentiroso, aguardentero, mujeriego, de alma noble, y con un sentido de la palabra muy desarrollado”.

 

Vestuario campesina risaraldense

 

La campesina de estas tierras usaba pañuelo en la cabeza y sombrero de paja, fino u ordinario, sólo cuando iba al pueblo. La blusa de gran influencia hispánica tenía pechera y bolero, y estaba ricamente adornada con alforzas, ruches, encajes y bordados; las mangas largas o cortas, cuando se usaba la manga larga ésta no tenían encajes en el puño sino que se lo colocaban en el codo. La falda, que podía bajar hasta 20 cm por encima del tobillo, estaba elaborada en telas floreadas y recogida, adornada con randas. Llevaba en la parte inferior de la falda uno o dos boleros y siempre usaban enaguas, prenda elaborada en género de Calicó, amplia y ricamente adornada; adicionalmente se usaban las calzonarias y corpiños. Generalmente se peinaban con trenzas, zarcillos largos, candongas o arracadas, y el calzado alpargatas o cotizas.

 

Debido a la fuerte tradición patriarcal que define como pueblo paisa, es poco probable que la mujer haya trabajado como recolectora de café de forma definida, pues este oficio requería estar desplazándose a distintas comarcas, buscando cosechas para recolectar, cualidades éstas permitidas únicamente a los hombres. La mujer en un primer estadio de la formación paisa cumplió un papel netamente doméstico, de ahí que el concepto de “Chapolera” sea moderno, pues representa una ruptura con la tradición machista y la consabida liberación femenina, al entrar a disputar un sitio en la vida laboral, hasta entonces un ambiente completamente machista.

 

Campesino típico risaraldense

 

Usaban sombrero aguadeño, de copa alta, alón y cinta negra, generalmente camisa a rayas manga larga y de cuello sencillo, delantal arriero, vaina y machete, pantalón negro, pañuelo rabo e’ gallo anudado al cuello, carriel que va siempre pendiendo del hombro izquierdo, cruzando el pecho para caer sobre la cadera derecha. En las zonas frías el campesino usa ruana, elaborada en lana, y de zonas cálidas el poncho. Por lo general andaban a pie limpio y sólo en ocasiones especiales usaban alpargatas.

 

La Corporación Ballet de Colombia (Trajes Regionales de Colombia de la Corporación Ballet de Colombia) realiza la siguiente descripción: “Las haciendas de plantación habitualmente sostienen un personal de agregados que garantizan un mínimo de brazos para atender la recolección con la participación de todos los miembros de la familia, aún de los párvulos que están en condiciones de hacerlo. El jefe de la familia y varones mayores, en el tiempo restante, se ocupan en otras labores propias del mantenimiento de la hacienda.

 

Los campesinos minifundistas, propietarios y cultivadores directos de sus pequeños predios, complementan los recursos para atender a su precaria subsistencia, acudiendo a las haciendas para brindar con su familia su fuerza de trabajo, en las periódicas etapas de cosecha y en la época de la Traviesa o Mitaca.

 

El fenómeno de la explosión demográfica, muy acentuado en estos núcleos rurales, suministra a los hacendados brazos en abundancia y extrema, al mismo tiempo, la situación de penuria de la familia minifundista y de los agregados. Esta situación se torna crónica y genera un éxodo constante hacia los centros urbanos.

 

Las faenas cafeteras demandan un traje que permita facilidad de movimientos y protección contra los insectos.

 

La “Chapolera” de Caldas, Quindío y Risaralda acostumbra a utilizar trajes de falda de doble rotonda en tela de algodón estampada; blusa blanca de algodón con cuello alto, manga larga y pechera de encajes y letines, pañuelo anudado a la cabeza y sombrero. Cintas en las trenzas y alpargatas. Adicionalmente un canasto de dos orejas, para ser sujetado a la cintura.

 

El sombrero es de trenza de palma, el pañuelo rabo e’ gallo y trenzas con moños de cinta. El tocado es habitual de la recolectora de café “Chapolera” en los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda.

 

El canasto es tejido con bejuco delgado, destinado a servir de depósito transitorio del grano que la Chapolera recoge directamente de la rama del cafeto. El delantal protege el vestido de la fricción del canasto y de la humedad de la miel que mana del grano maduro.

 

La mujer generalmente lleva trajes de una sola pieza, en tonos muy vistosos, tal vez debido a la extravagancia de los gustos y la preferencia por los tonos encendidos de los negros caucanos; en ocasiones la mujer lleva alpargatas, pero es común encontrarlas descalzas.

 

A comienzos del siglo XIX empiezan a llegar al país los legados culturales del Viejo Mundo. De esta manera la moda de la época se define como cortesana. Durante años no se permite nada que tenga que ver con lo criollo, se dejan de lado las alpargatas, las faldas de lienzo, las mantas tejidas, las bayetas y todo lo demás que tuviese que ver con lo criollo y lo tradicional.

 

Las damas de clase alta se ataviaban con trajes finos, generalmente importados, sus telas y accesorios llegaban en barco desde Europa. Las telas generalmente eran bretaña, terciopelo, tafetán, preferiblemente en tonos oscuros, y los vestidos eran entallados en la cintura o de “avispa”, con falda amplia y soportada por enaguas de holán.

 

A veces usaban bajo la falda armazones llamados polizones, quitrines o miriñaques que acomodaban en la cintura para abultar el vestido y resaltar la forma de la silueta de moda. Algunos adornos eran con almillas, otros con encajes y otros con boleros pisados con galones. También eran comunes las mangas ajustadas y rematadas con cascadas de encaje. Algunos trajes también llevaban elementos decorativos como prendedores, perlas, canutillos, lentejuelas e incluso bordados con hilos de oro y plata.

 

El calzado se fabricaba en forma de botines, usualmente en cordobán, algunas veces hechos del mismo material del vestido.

 

El traje del hombre no era menos exigente; generalmente también era importado, en paños, linos y terciopelo. Los pantalones de corte recto con pretina y prenses. La chaqueta estilo clásico 1830, un poco entallada, con amplio vuelo en las caderas y con una pequeña cola imitando el clásico frac del siglo XVII.

 

El chaleco era usualmente del mismo material del pantalón, con un pequeño bolsillo que servía como relojera. La camisa era muy elegante con cuello inglés pegado a la camisa. Algunos modelos de camisa más sofisticados tenía los cuellos separados y almidonados, llamados vulgarmente “de pajarito”, con corbata de moño mariposa.

 

Los botines de cuero o soche se protegían normalmente con guardapolvos de bucama blanca fijados a la parte externa. No se puede definir un sombrero en particular.

 

En cuanto a accesorios, todavía se utiliza el irremplazable carriel, una bolsa con numerosos bolsillos ocultos, forrada en cuero por un lado, que es el accesorio más típico del antioqueño de pura cepa, también usa el poncho blanco de algodón o bien la oscura capa de lana, la ruana”.

 

Traje para las comunidades indígenas

 

La comunidad embera chamí de los municipios de Pueblo Rico (corregimiento de Santa Cecilia) y Mistrato viste al estilo occidental. Los hombres llevan pantalón, camisa y zapatos que compran en los centros urbanos de Santa Cecilia y Pueblo Rico; las mujeres con vestidos de una sola pieza de colores fuertes como el rojo, azul, amarillo, naranja y verde que son confeccionados a mano por ellas mismas y que adornan con cintas de colores contrastantes.

 

Vestido para la mujer indígena

Vestido colorido de prenses en crema batida o tricot (no estampado de un solo fondo). Usan collares y/o pectorales elaborados con semillas de chochos, chumbimbo, lágrimas de San Pedro o en chaquiras. Las mujeres se maquillan normalmente con achote en los pómulos. Antiguamente andaban descalzas, sin embargo actualmente usan zapatos.

 

Detalles de los accesorios indígenas

Entre los accesorios utilizados por las mujeres emberas se destaca la corona elaborada en lana de colores fuertes como el rojo, azul, amarillo y los collares elaborados en chaquira o en semillas.

 

Comunidad indígena de Quinchía

De acuerdo con los cronistas, los indios de la región de Guacuma usaban narigueras y adornos nasales que parecen clavos retorcidos, que popularmente se conocen con el nombre de torzales. En la pantorrilla y los brazos usaban una cinta fuertemente apretada que provocaba la deformación artificial de estas partes del cuerpo.

 

Se vestían con ropa de algodón con galanas pinturas y cubrían su cuerpo con piezas de oro de distintas formas. Adquirían mantas por intercambio comercial (trueque) con grupos vecinos, toda vez que no tenían cultivos de algodón. La escasez de ropa confeccionada con algodón la suplían con el empleo de corteza de árboles con la cual los nativos confeccionaban sus vestidos.

 

La colonización europea fue imponiendo diversas formas de vestir entre las comunidades indígenas que aún existen y que en el lenguaje popular de las personas de Quinchía se conocen como memas. Se encuentra un número reducido de mujeres mayores que utilizan y conservan una tradicional forma de vestir, que consiste en vestidos de una sola pieza en colores fuertes que contrastan con los colores de la naturaleza. Ellas prefieren los colores vivos como el rojo, verde, azul, amarillo y anaranjado; esta forma de vestir la podemos observar en las famosas callaneras de Quinchía de la vereda los Medios, que domingo tras domingo, van a ofrecer sus artesanías y comidas típicas.

 

Utilizan adornos como aretes, cadenas, collares, diademas, anillos, pulseras y manto, entre otros, de fabricación industrial o de materiales tales como chaquiras o chochos.

 

Vestuario para las comunidades Afrorisaraldenses

 

La comunidad afrorisaraldenses está concentrada en el corregimiento de Santa Cecilia, en el municipio de Pueblo Rico y en Pereira.

 

Su vestuario consiste en faldas largas, blancas o de flores, las blusas bancas con boleros y de manga corta. Para bailes elegantes como el Currulao y la Polca utilizan la blusa con manga tres cuartos y cuello alto. En los bailes de calle usan uniformes cortos con faldas de flores combinadas.

Búsqueda
Departamentos:
Temas Culturales: