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SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Arqueología - ARAUCA

Los Llanos Orientales eran, hasta 1975, una de las regiones colombianas olvidadas por la arqueología. El desinterés que habían inspirado hasta entonces no era fundamentado y, sobre todo, era un grave error teniendo en cuenta la riqueza arqueológica de su región hermana, los Llanos Occidentales de Venezuela.

 

Aspectos geográficos

 

La región estudiada pertenece administrativamente a la Intendencia de Arauca. Sobre el río Cravo, en su desembocadura en el Casanare, se sitúa el puerto de Cravo-Norte a una distancia de aproximadamente 100 kilómetros de la capital, Arauca, y a 75 Km de la frontera con Venezuela.

 

Esta región está situada a 100 metros sobre el nivel del mar, y su topografía es plana o suavemente ondulada. Se caracteriza por la abundancia de ríos y caños que inundan la planicie en épocas de lluvias, las cuales son periódicas, durando de 6 a 7 meses; de abril a octubre y con promedios superiores a 750 mm por año. El tipo climatológico determina, en esta región, dos tipos de medio ambientes. En las depresiones, a lo largo de los caños y ríos, se encuentra el bosque de galería o "mata de monte".

 

En la planicie, la vegetación y la fauna cambian y se habla de llanura o sabana abierta. Geológicamente, los Llanos Orientales pertenecen a las formaciones Gualanday y Cira, caracterizadas por las areniscas y arcillas, lo que influye en el desarrollo de la producción alfarera.

 

Datos etnohistóricos

 

Los datos más antiguos sobre los grupos indígenas de las Llanuras Orientales se remontan al siglo XVI, con la llegada de los primeros conquistadores y exploradores: Federman, Spira y Herrera en el año 1535, Gonzalo Jiménez de Quesada entre 1569-1571 y Berrío en el año 1591. Gracias a esta información y a estudios más recientes, se localizaron geográficamente, durante los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, los grupos más importantes por su número y su cultura.

 

Entre los diversos grupos que habitaban los llanos, se pueden diferenciar los de la selva tropical o grupos amazónicos, de los de sabana o grupos llaneros propiamente dichos. Generalmente, los selváticos conocían la agricultura. Entre éstos están los achaguas y los sálivas. Por el contrario, los llaneros se dedicaban a la recolección; son los guahibos, los chiricoas, los yaruro y los guamo.

 

Grupos sedentarios

 

Los agricultores, representados por los achaguas y los sálivas, reciben pacíficamente a los españoles y, en el año 1606, cuatro mil indígenas se someten al capitán Alonso Jiménez que había penetrado por el Meta. Desde el siglo XVII, comienzan a adaptarse a las reducciones fomentadas por los jesuitas. Los nativos que sobreviven a la Conquista, a las misiones y a la esclavitud, se retiran para proteger sus costumbres, su religión y su lengua. Los achaguas se dirigen hacia las orillas del Meta, del Guaviare y del Casanare. Los sálivas se van a Maccuco, al occidente de Orocué.

 

Estos incluían más de 20 grupos durante el siglo XVIII, localizados sobre el río Casanare y entre los ríos Ariporo y Meta. Otras poblaciones igualmente numerosas ocupaban los bordes del Orinoco, a la altura de la desembocadura del río Guaviare. Desde el siglo XX los más numerosos se encuentran en Venezuela.

 

Se asentaban por períodos de varios años en áreas de bosque de galería donde cultivaban numerosas plantas, principalmente la yuca y cazaban o pescaban para complementar su dieta. Intercambiaban aceite, proveniente de la fruta "abay", que les servía para embellecer el cabello y para fabricar antorchas. También cambiaban conchas, caracoles y perlas en collares, las cuales servían de "moneda" para todo el comercio de la zona del Orinoco. Llegaban al interior de los Llanos gracias a los caribes, quienes las introducían desde las costas del Mar Caribe.

 

Estaban organizados en "sibs" patrilineales y practicaban la exogamia local y la poligamia. Los jefes eran nombrados por casas comunales o por aldeas y conseguían el mando después de largas y duras pruebas. Varias costumbres, entre otras las prácticas curativas, nos demuestran las creencias en el animismo. La vida religiosa ocupaba un lugar importante; su mitología incluía varios dioses y se practicaban numerosas ceremonias relativas a las estaciones de lluvia y sequía. Los ritos funerarios eran largos y comprendían un primer entierro en el centro de la habitación del muerto, con un gran ajuar de objetos personales. Luego, un año más tarde, los familiares desenterraban los huesos y quemaban todo, botando las cenizas al aire para que regresaran en lluvia.

 

Grupos nómadas

 

Los recolectores, representados por los grupos guahibos y chiricoas eran nómades y ocupaban las sabanas a lo largo del río Meta y los bosques de galería a orillas del Vichada. El grupo guahibo ha sido uno de los más numerosos de la región de los Llanos a través de todos los tiempos.

 

El primer español que tuvo contacto con los guahibos fue Federman, en el siglo XVI. Los misioneros llegaron después, a comienzos del siglo XVIII. Las fuentes de origen misional provienen de los jesuitas principalmente; la unidad básica de organización política era una subdivisión local de la tribu: la banda. Esta tenía un jefe con poder hereditario por línea paterna y se dividía en subgrupos, los cuales disponían de capitanes y estaban formados por siete u ocho familias. Cada familia incluía aproximadamente treinta personas. En cuestiones de guerra, era la banda la que actuaba; los subgrupos trabajaban separadamente en la caza. Los grupos familiares eran matriarcales y en ellos se practicaba la exogamia. Eran muy comunes las uniones poligámicas y homosexuales. Estos grupos rendían culto al sol y a su esposa la luna, así como a varios héroes culturales. Los entierros no tenían ningún rito funerario. A medida que los individuos se iban muriendo por el camino, en sus largas marchas, los enterraban de manera superficial o simplemente los abandonaban.

 

A finales del siglo XIX, los guahibos aparecen profundamente transformados, como una cultura de horticultores.

 

A pesar de las diferencias, desde el punto de vista económico los agricultores y los cazadores poseían muchos rasgos de cultura material en común. En cuanto a la tecnología manufacturera, todos utilizaban numerosos instrumentos y artefactos provenientes de:

 

-          Fibras vegetales: redes, hamacas, cestería fina y variada.

-          Arcilla: ollas y budares para la preparación del casabe de yuca brava.

-          Objetos naturales: calabazas, pieles, caña para flechas, arcos, harpones e instrumentos musicales.

-          Madera: para la construcción de las viviendas, las canoas y balsas, bancos, armas, etc.

 

Estas similitudes se deben principalmente al contacto permanente, de tipo comercial o militar, que existió entre ellos desde épocas precolombinas. Además, en la época de la Conquista se agudizan estas relaciones y se unifican aún más las culturas debido a la influencia misionera.

 

Con base en los resultados tipológicos y en los hallazgos en general, fue posible deducir ciertos patrones que definen el tipo de adaptación de los grupos alfareros a su medio ambiente. Estos grupos vivían cerca de los ríos y caños, preferían los sitios de tierras más o menos altas para protegerse de las inundaciones periódicas y escogían las tierras más fértiles para asentarse. Pueden situarse estos grupos en una etapa de desarrollo semisedentaria cuya base alimenticia es la horticultura complementada por la vida ribereña en bosque de galería, es decir, por la caza y la pesca. Estos grupos cultivaban la yuca brava, hilaban algodón y aprovechaban la palma para fabricar cestos y probablemente esteras. Culturalmente, estos grupos alfareros parecen situarse en la etapa de iniciación o de estabilización de la horticultura, donde los patrones de sedentarismo dependen aún de los períodos climáticos de lluvias y sequías.

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