SINIC / Colombia Cultural

En Colombia existen un sinnúmero de manifestaciones culturales que expresan la variedad étnica, religiosa, de costumbres, tradiciones y formas de vida de su población, así como su riqueza natural y diversidad de climas, geografías y paisajes, entre otros.

En este módulo podrá consultar información relacionada con temas culturales como arqueología, festividades, mitos y leyendas, danzas y personajes, de cada uno de los departamentos de Colombia. Esta información le permitirá comprender de manera fácil y rápida los aspectos más relevantes de la cultura propia de cada región, con el fin de estimular el conocimiento y difusión de la riqueza cultural del país en todas sus expresiones.

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Colombia Cultural

Arqueología - BOGOTÁ, D.C.

Los primeros pobladores de Bogotá fueron los muiscas, pertenecientes a la familia lingüística Chibcha. A la llegada de los conquistadores, se calcula que había medio millón de indígenas de este grupo. Ocupaban las tierras altas y las faldas templadas entre el macizo de Sumapaz en el suroeste y el nevado del Cocuy en el noreste, en una extensión de unos 25.000 km2 que abarcan la altiplanicie de Bogotá, parte del actual departamento de Boyacá y una pequeña región de Santander. Las tierras más fértiles eran las de los antiguos lechos de los lagos pleistocénicos y las regiones irrigadas por los cursos altos de los ríos Bogotá, Suárez, Chicamocha y algunos afluentes del Meta.

 

En esta zona la población estaba organizada en dos grandes federaciones, cada una bajo el mando de un jefe: la zona suroccidental era el dominio del Zipa, cuyo centro estaba en Bacatá, actual Bogotá. Era la más fuerte y ocupaba dos quintas partes del territorio. La zona nororiental constituía el dominio del Zaque, cuyo centro era la región de Hunza, actual Tunja. Sin embargo, la población muisca, a diferencia de la tayrona, no desarrolló grandes ciudades. Los muiscas, eminentemente agricultores, conformaron una población dispersa que ocupaba numerosas y pequeñas aldeas y caseríos. Además, existían algunas tribus aisladas libres: la de Iraca o Sugamuxi, la de Tundama y la de Guanentá. La ocupación principal de sus habitantes era la agricultura complementada por la caza y la pesca. Sus principales cultivos fueron el maíz y la papa, fríjoles, calabazas, tomates, cubios, yuca, tabaco, arracacha, batata y diversas frutas y hortalizas. En el campo de la minería, la explotación de la sal y de las esmeraldas fue fundamental para su propio uso y para comerciar con otras tribus que les suministraban oro y algodón.

 

Mitos y creencias

El centro ceremonial del territorio del Zipa era Chía, lugar destinado al culto a la Luna, y el centro ceremonial del Zaque era Sogamoso, donde estaba el templo del Sol. Parece que la función principal de los sacerdotes muiscas era la observación astronómica. De ello dan testimonio monumentos arqueológicos en forma de columnas de piedra, relacionados con estos fines, como los “Cojines del Diablo”, dos grandes discos tallados en la roca, en un alto, dentro del perímetro urbano de Tunja, que eran tal vez lugares de observación solar. En Saquenzipa, centro ceremonial cerca de Villa de Leyva, hay unas 25 grandes columnas cilíndricas alineadas en dirección este-oeste: desde este lugar, el día del solsticio de verano se ve salir el sol exactamente sobre la laguna de Iguaque, de donde emergió la diosa Bachué, según la leyenda. Bochica, el dios civilizador que les enseñó las artes manuales, les dio normas morales y posteriormente los salvó del diluvio y la inundación de la sabana al romper la roca y permitir que al salir las aguas se formara el Salto de Tequendama. La diosa Chía era la luna, Zuhé el sol. Rendían culto a otras divinidades astrales. Para los muiscas, las lagunas eran lugares sagrados y allí celebraban ceremonias. En sus más importantes mitos y leyendas figuraban las lagunas de Guatavita, Siecha, Tota, Fúquene e Iguaque, en cuyos alrededores se han encontrado ofrendas de oro y cerámica. También practicaban el culto a los muertos: los nobles y caciques eran momificados y enterrados con todas sus pertenencias.

 

Orfebrería y cerámica

A pesar de que los muiscas carecían de oro, lo obtenían a través del trueque con otras tribus. Elaboraron diversos tipos de piezas, entre los que se destacan los tunjos, pequeñas figuras antropomorfas o zoomorfas que ofrendaban a los dioses. Entre las diversas técnicas que manejaban para elaborar las piezas están la fundición a la cera perdida, el martillado y el repujado. Los objetos de oro servían como ofrendas funerarias y sagradas. También hacían  collares, brazaletes, orejeras, pectorales, narigueras y otras piezas con las que se adornaban. Parte de éstas aún se conservan en el Museo del Oro y en otros museos y colecciones particulares. Fueron excelentes tejedores y destacados alfareros.

 

Conquista

La expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada.

 

Desde 1533 se creía que el Río Grande de la Magdalena era el camino que conducía a la Mar del Sur, al Perú y al legendario Dorado. Ésta última fue la meta que se propuso alcanzar Gonzalo Jiménez de Quesada, el conquistador español que partió de Santa Marta el 6 de abril de 1536 con 500 soldados y se dirigió hacia el interior de la actual Colombia.

 

La expedición se dividió en dos contingentes: uno al mando de Quesada avanzaría por tierra y el otro, dirigido por Diego de Urbino, remontaría el río en cuatro bergantines, para unirse más arriba con la tropa de Quesada en el sitio que se llamó Tora de las Barrancas Bermejas. Al llegar tuvieron noticia que hacia el sur habitaban indios que hacían grandes panes de sal que utilizaban para hacer trueque por algodón silvestre y pescado. Jiménez decidió abandonar la ruta hacia el Perú y dirigirse por la montaña en busca de los "pueblos de la sal". Vieron labranzas, trochas, panes de sal blanca y luego bohíos donde hallaron maíz, yuca, papas y fríjoles. Desde la Tora la expedición remontó el río Opón y allí encontraron indígenas cubiertos con mantas de algodón pintadas y muy finas. Cuando llegaron al Valle de la Grita, de la expedición que había partido de Santa Marta sólo quedaban 70 hombres.

 

En su recorrido tomaron una buena cantidad de oro y esmeraldas. En Hunza capturaron al Zaque Quemuenchatocha y se dirigieron a Sogamoso, donde saquearon e incendiaron el templo del sol y consiguieron un inmenso botín. El 22 de marzo de 1537 llegaron por el norte a través de los «pueblos de la sal», Nemocón y Zipaquirá. Al lugar lo llamaron Valle de los Alcázares. Ya en territorio chibcha encontraron buenos caminos y se dirigieron hacia el suroeste. En pocos días pasaron por varios poblados, entre ellos Lenguazaque y Suesca. Siguieron por Cajicá, Chía y Suba, principio del Reino de Bogotá, donde tuvieron enfrentamientos con los indios del cacique Bogotá, que trataba de impedirles la entrada a su pueblo, y divisaron la ranchería empalizada de Muequetá o Bacatá, construida sobre una hondonada cenagosa, que era la capital del Zipa Tisquesusa, en la orilla derecha del río del mismo nombre.

 

Colonia

Con la consigna de los conquistadores de fundar y poblar, Quesada resolvió crear un asentamiento urbano donde pudieran vivir en forma ordenada bajo un gobierno estable. Hacia el oriente, al pie de los cerros, hallaron un poblado de indios llamado Teusaquillo cerca de la residencia de recreo del Zipa, provisto de agua, leña, tierras para sembrar y resguardado de los vientos por los cerros de Monserrate y Guadalupe. Aunque no existe acta de fundación de la ciudad, se ha aceptado como fecha de fundación el 6 de agosto de 1538. Según la tradición, aquel día el sacerdote Fray Domingo de las Casas ofició la primera misa en una iglesia pajiza, levantada cerca de la actual catedral o del actual Parque de Santander. Se dice que ese día la región recibió el nombre de Nuevo Reino de Granada y el poblado se llamó Santa Fe.

 

Diseño urbanístico

El trazado urbano se diseñó en forma de cuadrícula y desde entonces se implantó la medida de cien metros por cada lienzo de cuadra. Las calles de travesía —oriente-occidente— tuvieron 7 metros de ancho y las actuales carreras, 10 metros. En 1553 se trasladó la Plaza Mayor —hoy Plaza de Bolívar—, al sitio que ocupa actualmente y se inició la construcción de la primera catedral en el costado oriental. En los otros costados se localizaron las sedes del Cabildo y de la Real Audiencia. La calle que comunicaba la Plaza Mayor con la de las Hierbas, —actual Parque Santander— se llamó la “Calle Real”, hoy Carrera Séptima.

 

Población de Santa Fe

Estaba conformada por blancos, mestizos, indígenas y esclavos, y a partir de la segunda mitad del siglo XVI comenzó a crecer rápidamente. En el censo de 1789 se registraron 18.161 habitantes, y en 1819 la población de la ciudad, que ya contaba con 195 manzanas, era de 30.000 habitantes. Su importancia aumentó con la creación de la diócesis. Hasta 1585 la única parroquia fue la de la Catedral; luego se crearon la de Las Nieves al norte y la de Santa Bárbara al sur de la Plaza Mayor.

 

Gobierno y administración

El gobierno de la ciudad estaba a cargo del Alcalde Mayor y del Cabildo, formado por los regidores apoyados por el Alguacil o Jefe de Policía. Para conseguir una mejor administración de estos dominios se instaló, en abril de 1550, la Audiencia de Santafé de Bogotá, donde actuaban los oidores. A partir de ese momento la ciudad se convirtió en capital y sede del gobierno del Nuevo Reino de Granada. Catorce años después, en 1564, la Corona española nombró el primer Presidente de la Real Audiencia, Andrés Díaz Venero de Leyva. La Nueva Granada se convirtió en virreinato en 1739 y se mantuvo hasta que el Libertador Simón Bolívar logró la Independencia en 1819.

 

Religión

Después de haber dominado a los indígenas a través de la guerra, comenzó la conquista de las conciencias por la religión con ayuda de las órdenes religiosas que se establecieron desde el siglo XVI en todo el territorio de la actual Colombia. Se construyeron iglesias y conventos a cargo de las comunidades franciscana, dominica, agustina y más tarde, en 1604, de los jesuitas, los capuchinos y las monjas Clarisas, Dominicas y Carmelitas Descalzas. Estas comunidades marcaron el espíritu y las costumbres de los santafereños, pues ejercieron un dominio ideológico, político y cultural que apenas se vio un tanto menguado cuando, en 1767, Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas de las colonias de España en América.

 

Centros educativos

Como en el resto de la América hispana, las órdenes religiosas fueron fundamentales en el campo de la educación, que por orden de la Corona se impartía en iglesias y conventos. Las dos primeras cátedras universitarias se deben a los frailes dominicos (1563 y 1573). En 1592 se fundó el Colegio Seminario de San Bartolomé para impartir educación superior a los hijos de españoles; los jesuitas dirigieron este colegio en 1605 y fundaron el Colegio Máximo que estaba situado en una de las esquinas de la Plaza Mayor. En 1580 los dominicos fundaron la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino para Artes y Filosofía, y en 1621 los jesuitas iniciaron los cursos en la Universidad de San Francisco Javier o Javeriana. En 1653 fray Cristóbal de Torres fundó el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. En 1783 se inició la primera comunidad educativa y la primera escuela para la educación de la mujer en la Nueva Granada: el colegio de La Enseñanza, de la comunidad de María. Desde ese momento, se iniciaron las lecciones escolares para las mujeres, derecho que hasta entonces estaba reservado a los varones.

 

Artes plásticas

Durante los siglos coloniales se pueden distinguir dos corrientes, cuya fuente común estaba conformada por los temas religiosos: la culta, bastante influida por la pintura de la metrópoli, tuvo en la escuela santafereña del siglo XVII figuras como Baltasar de Figueroa, cabeza de una dinastía de pintores que crearon y mantuvieron la escuela en la que se formó Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos (1638-1711), tal vez la figura más sobresaliente; y la corriente popular, conformada por artistas más ingenuos y libres de las influencias de la época, que no pertenecían a ninguna escuela. Interpretaban en la talla y la pintura escenas bíblicas, las vidas de los santos y episodios de la vida de Cristo y la Virgen en una forma más libre.

 

La talla en madera ocupa un lugar destacado dentro de la producción plástica de la época y su máxima expresión se encuentra en los retablos que adornaron la mayoría de las iglesias coloniales, como el retablo del altar mayor de la iglesia de San Francisco, realizado en su mayor parte por Ignacio García de Ascucha.

 

En el siglo XVIII sobresale como escultor Pedro Laboria, español formado en los talleres sevillanos, quien se trasladó muy joven a Bogotá, donde trabajó el resto de su vida. La influencia francesa que dominó en España en el siglo XVIII, a raíz de la subida al trono de la dinastía de los Borbones, caracterizó también las tendencias artísticas en las colonias americanas. A mediados del siglo se secularizaron la pintura y la decoración en la Nueva Granada y lo francés marcó el gusto de los estratos gubernamentales, de las familias de la alta burguesía criolla y de las jerarquías superiores de la Iglesia local. Los temas de carácter religioso dieron paso al retrato de personajes. El pintor más connotado de la época fue Joaquín Gutiérrez, retratista de virreyes.

 

La Expedición Botánica

El aporte más importante de esta época al conocimiento científico de la naturaleza americana está constituido por la Expedición Botánica, cuyo objetivo fue el estudio de la flora nativa. Se inició por orden del arzobispo-virrey Caballero y Góngora bajo la dirección de José Celestino Mutis y con el aporte de científicos como Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Francisco Antonio Zea. Tuvo su sede en Mariquita y en 1791 se trasladó a Santa Fe, donde perduró hasta 1816. Los dibujantes que participaron en esta obra dejaron una serie de preciosas láminas realizadas con esmero que quedó como testimonio de la investigación realizada. Fueron ellos Francisco Javier Matiz y Pablo Antonio García.

 

Siglo XIX

La agitación política que se vivía en todas las colonias de España en América, tuvo en la Nueva Granada diversas manifestaciones que aceleraron el proceso independentista. Una de las de mayor trascendencia fue la Revolución de los Comuneros, alzamiento popular iniciado en la Villa del Socorro —actual departamento de Santander— en marzo de 1781. El movimiento fue reprimido por las autoridades españolas y José Antonio Galán, su líder, fue ajusticiado. Sin embargo dejó una huella que siguieron, en 1794 Antonio Nariño, precursor de la independencia con la traducción y publicación en Santafé, de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y los líderes del movimiento del 20 de julio de 1810. Este grito de independencia se originó en una disputa en apariencia intrascendente entre criollos y españoles, por el préstamo de un florero, pero pronto se convirtió en una sublevación popular. Se le ha dado el nombre de Patria Boba al período comprendido entre 1810 y 1815, pues durante estos años los criollos se enfrentaron entre sí en busca de formas ideales de gobierno, aparecieron las primeras pugnas ideológicas y los dos primeros partidos republicanos: federalistas y centralistas.

 

El sistema educativo en el siglo XIX

Obtenida la independencia, Bogotá siguió conservando el privilegio de ser el principal centro educativo y cultural de la nueva nación.En 1823, pocos años después de creada la Gran Colombia, la Biblioteca Pública, que en la actualidad es la Biblioteca Nacional, se amplió y se modernizó con nuevos volúmenes y mejores instalaciones. Se fundó el Museo Nacional. Estas dos instituciones fueron de gran importancia para el desarrollo cultural de la nueva república. A partir del medio siglo, la secularización y oficialización de la educación ampliaron las posibilidades de formación. La Universidad Central fue la primera estatal, precursora de la actual Universidad Nacional. Se fundó en el año de 1867 y tuvo como sede Bogotá.

 

Población

Aunque Bogotá careció de un flujo importante de inmigrantes extranjeros, según los censos llevados a cabo durante el siglo XIX la población tuvo un crecimiento bastante regular: en 1832 tenía 36.465 habitantes; en 1881, 84.723 habitantes y hacia finales del siglo casi 100.000. El crecimiento de la población a partir de 1850 se debió en parte a las reformas del Medio Siglo que ampliaron las fuentes de trabajo. Bogotá ofrecía la posibilidad de trabajar en el comercio o de desempeñar funciones de diversa índole. Este aumento produjo una ampliación física de la ciudad, que se expandió hacia el norte y creó nuevos barrios hasta el caserío de Chapinero, a cinco kilómetros del centro de la ciudad.

 

La vida cultural en la ciudad

Bogotá era una ciudad bastante aislada, pues las vías de comunicación eran muy precarias. Tan sólo a fines del siglo ese aislamiento fue cediendo gracias al ferrocarril y a algunas carreteras que la pusieron en contacto con el río Magdalena y a través de éste con la costa Caribe. En la década de los sesenta, escritores de diversas tendencias se agruparon alrededor de la revista Mosaico, fundada y dirigida por José María Vergara y Vergara, y conformaron uno de los primeros intentos de historiar la literatura colombiana y de consolidar la identidad cultural del país. La vida cultural de la ciudad se concentraba en las tertulias literarias que durante el siglo XIX les permitieron a los bogotanos compartir sus inquietudes literarias y políticas y asistir a presentaciones musicales y de obras dramáticas. En el Teatro Maldonado se llevaban a cabo representaciones de teatro y de ópera y ya a finales del siglo XIX Bogotá contaba con dos teatros importantes: el Teatro de Cristóbal Colón, inaugurado en 1892, y el Teatro Municipal, inaugurado en 1895, que ofrecía zarzuelas y revistas musicales. También fue escenario de importantes pasajes de la historia colombiana durante las décadas del 30 y del 40. Durante el siglo XIX, a pesar de los constantes levantamientos y las guerras civiles que alteraron el normal desarrollo de la nueva república, en Bogotá se conservaban las tradiciones y costumbres que se remontaban a la época colonial, combinadas con algunas influencias europeas. En las reuniones y en las tertulias se impusieron ciertas comidas y refrigerios: el chocolate con colaciones y dulces elaborados en las casas se servía en las noches, y el ajiaco se convirtió en el plato típico. En las veladas nocturnas se tocaba en el piano las piezas musicales de compositores locales, y en las reuniones más numerosas se bailaba el pasillo, una forma de vals rápido llamado así por los pasos cortos que se daban al ejecutar la danza.

 

El teléfono

La primera línea telefónica que hubo en Bogotá unió, a partir del 21 de septiembre de 1881, al Palacio Nacional con las oficinas de correos y telégrafos de la ciudad, y el 14 de agosto de 1884, el municipio de Bogotá concedió al ciudadano cubano José Raimundo Martínez el privilegio de establecer el servicio telefónico público en la ciudad. En diciembre de dicho año se instaló el primer aparato en la oficina de los señores González Benito Hermanos, conectado con otro en Chapinero.

 

El tranvía

El 25 de diciembre de 1884 se inauguró el primer tranvía de mulas, que cubría el trayecto entre la Plaza de Bolívar y Chapinero, y en 1892 se inauguró la línea que unía la Plaza de Bolívar con la Estación de la Sabana. La movilización era sobre rieles de madera, pero como se descarrilaban fácilmente fueron cambiados por los de acero, importados de Inglaterra. En 1894 la línea Bogotá-Chapinero era recorrida por un carro cada veinte minutos. El tranvía prestó servicio hasta 1948, y fue reemplazado por autobuses.

 

La vida ciudadana en el siglo XX

Durante estos años se aceleró la transformación de la vida cultural de Bogotá, en parte gracias a los nuevos medios de comunicación. Se multiplicaron los periódicos, las revistas nacionales y extranjeras, el cine, la radio, las comunicaciones telegráfica y telefónica, y el transporte aéreo comunicó a Bogotá con el resto del mundo. Las oleadas de campesinos y dueños de fincas que huían de la violencia, y de quienes llegaban a Bogotá en busca de trabajo y de mejores oportunidades, triplicó la población que pasó de 700.000 en 1951, a 1.600.000 en 1964 y a 2.500.000 habitantes en 1973. La ciudad se modernizaba, ampliaba los campos de trabajo y las ofertas económicas en la industria, las finanzas, la construcción, la educación. Durante los años de la dictadura del general Rojas Pinilla (1953 a 1957), se inició la televisión en Colombia y se llevaron a cabo obras como el aeropuerto El Dorado que reemplazó al viejo aeropuerto de Techo y que atrajo, a partir de la Avenida que lo une con la ciudad, el desarrollo urbano y una gran variedad de barrios en el occidente. La Autopista del Norte, a su vez, amplió la tendencia de desarrollo urbano hacia el norte. Se inició el proyecto del Centro Administrativo Oficial, que fue terminado posteriormente y conformó el actual Centro Administrativo Nacional, CAN.

 

Bogotá, Distrito Especial y Distrito Capital

En 1954 se anexó a Bogotá los municipios de Usme, Bosa, Fontibón, Engativá, Suba y Usaquén y se creó el Distrito Especial de Bogotá, que se proyectó hacia un crecimiento futuro y organizó la nueva estructura administrativa de la ciudad. En 1991, por la nueva Constitución, Bogotá pasó a ser Distrito Capital. Según el censo de 1985 la población de la capital había aumentado a 4.100.000 y en 1993 llegó casi a 6.000.000.

 

Transformación económica

La economía de la ciudad ha tenido gran desarrollo y diversificación. La producción industrial es inmensa, lo que ha hecho necesaria la creación de importantes zonas industriales especializadas. La producción artesanal se ha convertido en una de las expresiones ornamentales y utilitarias más apreciadas y en una fuente de ingresos para empresas familiares. La actividad comercial vive un proceso de actividad creciente y los centros empresariales, financieros, de negocios y bancarios hacen de Bogotá el eje económico del país y un lugar privilegiado para los negocios con el mercado de la Zona Andina, con los Estados Unidos y con varios países europeos y asiáticos. La Sabana de Bogotá se ha convertido en un centro productor de flores que se exportan a muchos países, generan divisas y son una fuente de trabajo que absorbe una cantidad inmensa de mano de obra. La economía informal y la microempresa dan ocupación a un amplio sector de la población en diversas actividades.

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